ARQ. ROMANA: Introducción

Con esta entrada inauguramos la sección de Arqueología de Roma. Vamos a hacer una breve introducción con una serie de temas y aspectos a tratar. 


1. Abandono de Roma


El proceso de abandono de Roma se da en los últimos años de la Edad Antigua y comienzo de la Alta Edad Media. Roma pasa de superar más del millón y medio de habitantes a quedarse con muy pocos miles. Llegan a abandonarse espacios públicos como el foro, y sus edificios son destruidos, a excepción de algunos edificios que se van a mantener prácticamente intactos gracias a que se convirtieron en iglesias.
Ejemplo de estos edificios: el Panteón de Agripa, que desde el siglo VII es usado como iglesia. Eso es lo que permite evitar la destrucción. Otro edificio es la Curia (sede del Senado), porque se convierte en iglesia, aunque será desprovista de todos los mármoles. El resto de los edificios sufrirá abandono (acueductos, falta de agua en la ciudad, teatros...).Otro edifico que resiste el paso del tiempo es el teatro de Marcelo, pero en este caso porque es usado como fortaleza por las familias romanas aristocráticas. 

Frente a ese período oscuro de abandono, a lo largo de la Edad Media, vamos a conocer una fuente para conocer el abandono físico que se va produciendo (que conlleva el olvido del significado del mundo clásico también). Esas fuentes son los “Mirabilia Urbis Romae” (traducido sería algo así como las maravillas de la ciudad de Roma). 
Son una guía de viajes que surgen en la Edad Media para ilustrar a los peregrinos que van a visitar la tumba de san Pedro. A estos peregrinos, como si turistas se tratase, se les completa su peregrinación con una visita turística por los arcos, murallas, templos...etc.  Lo que vamos a ver en estos catálogos antiguos llamados mirabilia, son los monumentos arqueológicos, desde los más antiguos, a los más modernos. Lo curiosos de estos Mirabilia  es que se publicaron desde el siglo VIII en adelante, así que comparando uno del siglo VIII con otro del X o del XI, se puede ver como la gente de Roma va "olvidando" qué es lo que es cada monumento. 
Así pues, los mirabilia más antiguos (del siglo VIII), incluyen un repertorio epigráfico, que nos explica las inscripciones romanas que hay por la ciudad. Pero este repertorio epigráfico se pierde en los mirabilia del siglo IX y X, ya que esas mismas inscripciones ya no se saben leer. También en uno de los mirabilia, se habla de la estatua ecuestre de Marco Aurelio, se dice que estaba en el palacio lateranense, pero que no se sabe muy bien a quién representa, que seguramente será Constantino (el identificarlo con Constantino, la evitó de ser fundida, ya que fue el primer emperador en beneficiar al cristianismo). Sin embargo, el retrato del emperador es fácilmente reconocible si lo identificas con las monedas, pero esta capacidad se ha perdido en estos momentos. 


2. Redescubrimiento del mundo clásico


¿Cuándo aparece de nuevo entonces el interés por el mundo clásico? El interés por el período clásico, aparece más tarde, en el siglo XIV, con Cola di Rienzo. Va a ser el primero en usar un documento romano (epigráfico) para sus intereses políticos. Este personaje interesante intentó, aprovechando la ausencia de los papas en Roma (que estaban en Avignon), cambiar el sistema aristocrático, usando para ello un documento de época de Vespasiano, que encuentra fortuitamente formando parte de la decoración del altar de San Juan de Letrán. 
Era un fragmento de la Lex Imperii, ley que nos habla de una serie de instituciones como son el senado, el tribuno de la plebe...etc., y esos son conceptos que Cola de Rienzo va a usar para implantarlos de nuevo en el siglo XIV, para frenar el poder de estas familias aristocráticas, que rivalizan entre si y recurren a edificios para fortificarlos. 
El llamado Bronce de Vespasiano o la Lex Imperii, descubierto por Cola di Rienzo - Imagen de dominio público
Décadas después de Cola, tenemos a otra personalidad que se interesa por el mundo clásico de la arqueología, como es Ciriaco de Pizzicolli, que se considera padre de la arqueología. Su profesión de comerciante lo llevará a viajar por la ribera del mediterráneo, y nos va a transmitir en sus escritos lo que ve en Grecia, Egipto...etc., monumentos que ve y dibuja, aunque buena parte de sus escritos se perdieron en un incendio, y actualmente solo quedan cartas a sus amigos. 

A partir de aquí, el interés seguirá creciendo en el mundo clásico sin frenos. El inicio del período urbanístico por parte del papado para urbanizar la ciudad de Roma en la Baja Edad Media y en la Edad Moderna, va a proporcionar hallazgos arqueológicos en el suelo de dicha ciudad, y eso provocará que los artistas, escultores, pintores, y eruditos comiencen a estudiar esos descubrimientos. 
Alberti, arquitecto, se dedicará a estudiar edificios antiguos y su planta, y ese estudio lo aplicará a sus nuevos edificios y a su interés por el pasado romano. Él escribe una obra que es la descripción de la ciudad de Roma (con los restos visibles que se ven). También va a intentar rescatar unas naves que pertenecían al emperador Caracalla que estaban allí. 

Junto a este descubrimiento de los restos materiales de la propia Roma, hay otro fenómeno que complementa el conocimiento y recuperación del pasado clásico, que es el estudio de las fuentes clásicas (griegos y latinos). En ese sentido va a ser el papado el principal impulsor de la recuperación de estos manuscritos, a partir de la compra de los restos de la biblioteca de Constantinopla (después de ser la ciudad tomada por los turcos en 1453). Todos los manuscritos griegos se trasladan a la biblioteca del papado en Roma, y a partir de ahí se inicia una fuerte fiebre filológica por recuperar manuscritos y escritos clásicos. Se recuperan obras de autores como Ovidio, Plinio, Vitrubio... etc. 
En la arqueología clásica estas fuentes son importantísimas, ejemplo de ello es que si no hubiese sido por el estudio de esas fuentes, a Miguel Ángel le hubiese sido imposible reconocer que la estatua descubierta en las termas de Caracalla en el siglo XVI que representaba a Laoconte y sus hijos.


3. Del coleccionismo al estudio del Arte Romano en sí mismo


Junto al estudio de las fuentes materiales, y fuentes literarias, se da otro fenómeno que es el inicio del coleccionismo de antigüedades en la Baja Edad Media y Edad Moderna.
Los edificios antiguos interesaban a poquísima gente, solo a escasísimos estudiosos, por ello se destruyen para obtener material de construcción o cal. En cambio las esculturas si interesan más como símbolo de prestigio, es decir, poseer esculturas antiguas era símbolo de ser importante.

La importancia del coleccionismo, aunque no es arqueología, puede decirse que salvó muchas piezas de ser destruidas. Concerniente a esto, el papa Sixto V en el año 1527 va a donar una serie de esculturas (que se conservaban en el palacio de Letrán), al pueblo de Roma. Por tanto podemos hablar del primer museo (o más bien protomuseo) público de antigüedades. El lugar que se va a elegir para este protomuseo es la plaza del Capitolio, ya que en ese lugar existía el palacio senatorio (ayuntamiento), edificio que se levanta sobre el antiguo tabularium. A la plaza del Capitolio se van a trasladar, entre otras, las esculturas de Marco Aurelio (a caballo), y la loba Capitolina, aunque sin los gemelos, ya que son añadidos del siglo XVI. 
Nosotros sabemos por fuentes literarias (en especial por Cicerón), que había en Roma dos estatuas de lobas, una en el capitolio (dañada por un rayo) y otra en el palatino. Esas son las noticias de época clásica. En la Edad Media, gracias a los mirabilia, sabemos que la loba se encuentra en el palacio de Letrán, sobre una ménsula, y su función era presidir las ejecuciones (sigue siendo símbolo del poder). En el 2001 se hace un estudio metalográfico de la pieza, y se ve que la loba no era de época romana, sino una pieza medieval, por la técnica y fundición, por lo que la verdadera estatua se perdió. 
Loba Capitolina - Imagen de dominio público
Otro descubrimiento importantísimo al principio del siglo XVI, es la aparición de unas galerías subterráneas, en las que se descubren por primera vez la pintura original romana. Esas grutas se identificarán como la “Domus Aurea” de Nerón. Como a esos lugares en el siglo XVI se le llamaron grutas, la pintura decorativa romana que allí se hallaba se le llamó decoración “grutesca”, siendo el famoso pintor Rafael el primero en tratar este tema pictórico. 

Otras de las colecciones de antigüedades que existieron en esta época, es la del Papa Julio II (siglo XVI), y que también fue el germen de lo que sería la posterior gran colección vaticana de antigüedades. La colección de Julio II estaba en el jardín o Cortile del Belvedere. El Cortile (jardín) del Belvedere está anexo a la “signatura”, que es una estancia decorada en el techo con el dios griego Apolo y las musas. Desde una ventana de esa estancia se podía contemplar la estatua descubierta del dio Apolo, por lo cual se bautizó a esa estatua como Apolo del Belvedere. Solo sabemos que esta estatua era poseída por el papa Julio II en el palacio cardenalicio, y que se conocía desde muy antiguo. 
¿Qué interpretación le podemos dar a la presencia de lo pagano (estatuas de dioses griegos/romanos) en el Vaticano? Era una forma que tenían los papas de sentirse herederos directos del poder del emperador, y por lo tanto respetaban esa parte del mundo pagano. En esa política del papado como representante de los emperadores, en el siglo XVI y XVII se ponen en pie los obeliscos de época clásica que había en Roma (se colocarán en las principales plazas de Roma).
Para el resto de las grandes familias, que generaban y acumulaban colecciones, este tipo de coleccionismo tenía un valor de prestigio social-económico. Ejemplo de coleccionismo de estas familias: la colección Farnese/Farnesio, que tiene su origen con la explotación de las termas de Caracalla. Ellos usan las termas, como cantera, pero con motivo de la extracción de esos materiales, aparecen esculturas que pasan al palacio Farnese, como el famoso Hércules Farnese (hoy día sede de las principales bibliotecas), y la otra escultura que también aparece es el Toro Farnese, entre otras cosas. 

Junto a este coleccionismo, hay otro diferente, que se da en España. Es el gusto por coleccionar piezas de epigrafía y numismática (monedas) para estudiarlas. Esto surgirá en España a partir de un obispo de Tarragona, llamado Nicolás Antonio, el cual pasa parte de su formación en Roma. Va a defender que las fuentes arqueológicas son más importantes que las fuentes literarias para reconstruir la historia, alegando que la arqueológica es inmanipulable, mientras que las fuentes literarias han podido ser reescritas o falseadas (en realidad las fuentes arqueológicas también son manipulables). Nicolás Antonio, es considerado el padre de la numismática

Dejando atrás el siglo XVI, llegamos al siglo XVII, siglo en quede verdad se verá la gran importancia que tiene la consulta de fuentes (tanto arqueológicas como escritas), para separar la verdad de la invención, ya que en esos años circulaban muchísimos falsos cronicones, textos que creaban ex novo para justificar un pasado mitológico, por ejemplo, los antepasados de un rey, o cosas así. El auge de la crítica literaria y arqueológica se verá como el remedio para limpiar la historia de esas falsedades. Esta crítica llegará gracias a corrientes francesas y alemanas. 
Por ese afán de buscar la verdad, cobrarán interés las fuentes arqueológicas, porque se creían hasta ese momento que eran infalsificables (lo mismo que decía Nicolás Antonio en el siglo XVI). 
También se hace búsqueda de fuentes originales escritas, en archivos de todo tipo, para buscar la historia más real, con el menor número de manipulaciones posibles. A esta búsqueda (arqueológica y literaria) se les llama “viajes literarios” auspiciado por la real academia de la historia. 

Un siglo después, en el XVIII, llegamos a una revolución en lo que es el estudio de las fuentes y arte clásico. Es posible gracias a J. J. Winckelmann. En este contexto de renovación, nos encontramos con un personaje que va a estudiar a Roma, que es J.J. Winckelmann, quien en su día se traslada a Roma a estudiar las esculturas (auspiciado por el Papa) de los museos vaticanos y de los museos privados existentes también en aquel momento. 
Cuando él estudia todo eso, lo hizo pensando que estaba estudiando la escultura griega (las copias romanas de las obras griegas tienen en realidad sus particularidades), y en función de los diferentes estilos que vio en las esculturas el secuenció una cronología del arte griego en escultura (estableció como la máxima belleza el Apolo Belvedere del siglo V a.C.). Él estableció criterios que se mantuvieron mucho tiempo (criterios erróneos en muchos casos), llamando a última etapa del arte clásico como “etapa de decadencia”, que él la identificaba con el período romano del arte.

Johann Joachim Wincklemann - Imagen de dominio público
Esa teoría de que la época romana era la de decadencia del arte, va a permanecer hasta los estudios de la escuela filológica en el siglo XIX. Esta escuela filológica, tiene un planteamiento de estudio claro: primero descubre y pone de manifiesto que lo que se entiende por arte griego son copias romanas. Segundo: esta escuela va a tener obsesión por el estudio de fuentes literarias clásicas que hablen de esculturas griegas (siendo el autor Plinio sobre todo el que más habla). Con esa información que las obras clásicas proporcionan sobre las distintas estatuas, van a:

  • Identificar a un gran número de escultura y autores. 
  • Intentar dilucidar cuál de las copias romanas conservadas era la más fiel al original griego que no se conserva. 
Por ejemplo, al discóbolo, aunque la estatua se tenía en la época, gracias a la escuela filológica se le da nombre en esta época y se le reconoce el autor que la realizó. Sin embargo, llama la atención que este siglo XIX, es la de grandes campañas de excavación, y el material original que está apareciendo es importantísimo, los frontones están saliendo a la luz...etc., pero la escuela filológica rechaza el verdadero estudio del original griego. 

No va a ser hasta principios del XX, cuando se inicie un proceso de destacar cierta originalidad de lo que se podría llamar realmente arte romano, ya que se ve que el arte romano no solo son copias, sino que también tienen sus características propias.
A esa corriente y originalidad propia del arte romano Bianchi Bandinelli lo va a llamar “corriente plebeya”. ¿Qué destaca como original del arte romano? la perspectiva irreal, lo que intenta con eso, es plasmar toda la información posible, aunque se rompa la perspectiva real. Además es característico que lo más importante se representa más grande. Esto perdurará toda la época romana, aunque va por épocas dentro de la misma historia de Roma, ya que en la época de Augusto había más gusto por lo clásico griego. 

El arte romano tiene una tradición griega que le viene del pueblo etrusco, es decir, el arte romano tiene orígenes etruscos, de los cuales carecía el arte griego. La conquista de Grecia a manos de Roma provoca la llegada de arquitectos, escultores... a la gran urbe, y esto a su vez produce una gran demanda de arte griego original, que supera a las piezas originales. Tenemos a los talleres sobre todo de Atenas, haciendo copias para satisfacer la demanda romana.

Termina aquí la introducción, a partir de la próxima entrada nos pondremos manos a la obra más en profundidad.

¡Feliz Lunes! - Hacer historia, aprehender la historia, aprendes la historia
24/Octubre/2016

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Hª EDAD MODERNA de España: la Ilustración española.

Esta va a ser la última entrada sobre Historia en la Edad Modernaen España. He querido dejar la cuestión de la Ilustración para lo último, y no mezclarlo mucho con los sucesos políticos y militares del siglo XVIII. 


1. El concepto de ilustración 


Hay muchas polémicas sobre su definición. La idea de libertad y autosuficiencia que presenta como lema aparece matizada por los límites sociales establecidos y por la referencia expresa a identificar Ilustración con el siglo de Federico II, subordinada al poder político. Tras la definición de Kant que hablaba de superación de la minoría de edad de la razón, las polémicas han seguido poniendo de manifiesto sus límites sociales y políticos. 

Algunos filósofos ven en la Ilustración como un método de critica permanente, atemporal y sin marco geográfico. Otros, historiadores, la limitan en el tiempo, desde finales del siglo XVII a la Revolución Francesa, y en el espacio, Europa y el mundo occidental. La polémica se basará en sus orígenes, sus caracteres específicos y sus consecuencias pero sin tener en cuenta la “comunidad de ideas” europea. 
Debemos distinguir los cuatro campos en los que se desarrolló el mundo moderno y dieron lugar a la Ilustración, creando sus bases ideológicas y culturales: 
  1. La revolución científica de Galileo a Newton, basada en la experimentación física con la inducción en formulas matemáticas. 
  2. La historia crítica con la exigencia de pruebas fehacientes y amplia base filológica.
  3. El cambio político con el origen de la sociedad en el contrato social. 
  4. Crisis religiosas (deísmo y jansenismo) 
¿Cuándo y cómo fueron recibidos estos cuatro aspectos básicos en España? Esto es lo que provoca una discusión sobre la Ilustración española, ya que se suele tachar de una “Ilustración insuficiente”, de “mentalidad y actitud ilustrada” que no se realiza plenamente. Existió una Ilustración ideal, la de los philosophes franceses la cual en España no se alcanzó. Podemos añadir (para consolarnos), que la división de poderes que requiere el contrato social no se llevó a cabo en ningún país europeo y que pensar que solamente deístas y ateos podían ser ilustrados, excluye a la mayoría de hombres de letras europeos del adjetivo de ilustrados.
El filósofo prusiano Kant - Imagen de dominio público
Hay otro criterio, de Kosáry: en los países con una burguesía fuerte y un gobierno permeable a sus ideas, la Ilustración se desarrolló con normalidad, progresivamente y sin estridencias, como el caso de Inglaterra u Holanda. En países con una burguesía fuerte y un gobierno impermeable, los cambios fueron bruscos y violentos como en Francia, donde todo se radicaliza luchando contra el Absolutismo. Sin embargo, en un país con una burguesía débil, solo en el monarca podían ver los ilustrados el apoyo necesario para enfrentarse a las fuerzas más conservadoras, lo que ocurrió en España, y también en Prusia, Austria o Rusia. 

Ya que la Ilustración se dio en personas individualizadas, y no en grupos sociales, vamos a ver el carácter del ilustrado: rechazo del principio de autoridad, desprecio del método deductivo con la implantación del experimental, y preferencia por la libertad del hombre. Otros caracteres específicos serían la aplicación de la crítica en busca de la verdad histórica, la defensa de la persona humana y la oposición a todo género de tortura. Podríamos definir que la Ilustración construye el derecho de la persona a realizarse según sus propios criterios, o como dice Kant, “superar la minoría de edad”. 


2. Los Novatores: el preludio de la Ilustración 


Esta palabra se utilizó por primera vez, y con carácter de acusación de sospecha de ortodoxia, en el año de 1714, en las polémicas sobre la ciencia moderna y el atomismo. En la actualidad esa palabra se usa para señalar el cambio mental del grupo de hombres de letras del siglo XVII y XVIII que rechazaban la escolástica y aceptaban las novedosas corrientes europeas. Al principio los historiadores centraron su interés en la receptividad de la nueva ciencia, pero no solo se refiere a aspectos médicos o científicos, sino que es un cambio mental, que abarca también la concepción historiográfica, planteamientos filosóficos y formas de vida social. 

Por su parte, el aislamiento cultural español del siglo XVII respecto de Europa, no fue tan radical como se suponía. Militares, diplomáticos y clérigos estuvieron constantemente en Europa, y el intercambio intelectual entre los miembros de órdenes religiosas benefició el conocimiento de las nuevas corrientes. Los jesuitas son el ejemplo más claro del contacto con Europa. Sobre 1680 esta apertura intelectual se generaliza, según apreciamos por las obras publicadas en estos años. Podemos decir que los novatores conocían el movimiento científico europeo, como Galileo, Kepler, Descartes o Harvey, pero desconocían a Newton, lo que les suponía un límite. 

Respecto a la historia como disciplina, los novatores además conocieron los aportes realizados en la metodología histórica. Iniciaron una actividad de importante valor historiográfico, para poner las fuentes documentales al alcance de los estudiosos, y empiezan la metodología crítica histórica que acabarían perfeccionando los ilustrados. En este aspecto también tendrán sus límites, ya que a pesar de que utilizan el método crítico, no se atrevieron con las tradiciones eclesiásticas de profundo calado político-social, pero si se inició una campaña contra los falsos cronicones. 

Los novatores vivieron un cambio dinástico: se sitúan en el poder los Borbones, y Felipe V, pero los planteamientos culturales fueron los mismos. Señalar en esta época como hecho importante es la creación de instituciones que afectaran positivamente a la evolución intelectual: la Real Biblioteca, creada por el monarca en 1712, primer centro renovador e inicio de la Ilustración, y la Real Academia de la Lengua, creada en 1726, la cual publica el primer volumen del Diccionario de la lengua castellana y logró imponer las normas ortográficas. 

El espíritu de los novatores continuó en el campo de las ciencias físico-matemáticas e historiográficas. El ejército adquiere importancia, animado por los gobernantes, que los dotan de academias científicas, siendo decisivas las aportaciones de las escuelas marinas por sus adelantos científicos. La obra más importante fue “compendio matemático” de Tomas Vicente Tosca. 
Hubo también críticas hacia estos novatores, como la del padre Palanco, con una obra de titulo muy expresivo, cuyo objetivo era poner a los partidarios de la ciencia moderna como enemigos de la fe y enfrentarlos con los eclesiásticos. Pero los novatores no tardaran en responder, como Zapata o Tosca. 
Entre los historiadores que se centraron en analizar el hecho político-militar más importante del momento, es decir, la guerra de Sucesión, destacamos a J.M. Mañana y a Bacallar y Senna 


3. La Primera Ilustración 


Hay discrepancias para establecer el año en que finaliza el movimiento novator de recepción de ideas de Europa, y comienza la “primera Ilustración”. Se ha establecido una fecha, basándose en las obras médicas de Martín Martínez, la aparición del Teatro crítico de Feijoo, y los ensayos críticos de Mayans: 1725 y 1727. 


A) La obra cultural de Feijoo 
Antes de Feijoo tenemos unos precedentes, tres factores que son necesarios para entender su pensamiento y la amplia difusión de su obra: la influencia de los maurinos, la herencia de los novatores y la acogida por parte de políticos y burgueses que aceptaron su moderado reformismo. 

Feijoo pertenecía al grupo de benedictinos de la Congregación de Valladolid, los cuales tenían muy buenas relaciones intelectuales con los maurinos de Saint Germain des Prés. Este contacto da lugar a una evolución intelectual desde la escolástica a los estudios de historia. Era una superación de la escolástica y la exigencia de abrir la orden a las exigencias culturales del momento. 
Las circunstancias españolas y el cambio cultural de los novatores hay que verlas para comprender a Feijoo: Tosca establecía que “la autonomía de la física respecto a la metafísica, y en consecuencia, la relimitación del marco de la fe y de la ciencia, ruptura de la escolástica o libertad de pensar, actitud crítica”. Giovani Stiffoni añade que a pesar de que los escolásticos se opusieron a Tosca, se puede decir que se inspiraron en él casi todos los intelectuales del reinado de los dos primeros Borbones.

Éste es el marco de Feijoo para su renovación cultural. De este modo comprendemos su planteamiento inicial de separar en su teatro crítico el hemisferio de la naturaleza, basada en la razón, y el hemisferio de la gracia fundado en la revelación. 
Su campaña es a favor de la ciencia moderna y está basada en la experimentación y en contra de las supersticiones, con argumentos de razón y ciencia. Según su criterio, los errores comunes se solucionaban con la duda metódica, criterio que aplicaba también a las supersticiones religiosas. Por eso intenta evitar ambos extremos: la credulidad y la incredulidad. 
Este empirismo explica su gusto por Descartes y por Bacon.
Sabemos también que la teoría de Newton se difundió en el continente por las Cartas filosóficas de Voltaire en 1733. Ese mismo año Feijoo habla de la Óptica del británico, y también ese mismo año la Real Academia Médica de Sevilla celebra a Newton como una autoridad en materias físicas. Pero el momento en que España toma conciencia de la importancia de la obra de Newton es en 1735. Aunque no todos fueron como Feijoo, él tuvo la habilidad de plantear la reforma cultural en el ámbito y los limites deseados por las autoridades y los grupos dirigentes, por ello su trabajo será tan bien recogido por los grupos reformistas, que propiciaran su difusión, hasta llegar a la prohibición gubernamental de escribir contra el mismo Feijoo, autor del agrado del monarca Fernando VI (1750). 


B) Los problemas de la Historia crítica. Mayans y los proyectos reformistas 
Vamos a hablar de la historia crítica, es decir, de escribir o analizar la historia, pero con rigor, basándose en fuentes, comprobando la veracidad de documentos, etc. Hasta estos momentos la historia se escribía sin unos mínimos controles de veracidad y comprobación documental y de veracidad y citas de las fuentes.
El ilustrado Mayans encontró obstáculos para introducirse en la ciencia moderna y en la historia crítica, pero los superó. El método establecido por Mabillon era muy comprometido, ya que muchas tradiciones no tenían documentos o fuentes históricas suficientes para mantener las exigencias del argumento negativo: no hay hecho histórico sin fundamento documental. Las exigencias metodológicas entrañaban serios compromisos intelectuales, ya que era necesario el conocimiento de las fuentes documentales y la edición de ellas. 
Esto requería el conocimiento de la paleografía, lenguas originales, rigor crítico, la necesidad de lectura e interpretación del lenguaje de los autores antiguos. Esto explica las apariciones de amplias colecciones de documentos antiguos en toda Europa. Algunos autores: Nicolás Antonio y Sáez de Aguirre, Ferreras y de Berganza, Cristóbal Rodríguez. Aquí se encuadran los proyectos renovadores de Mayans en el campo de la historiografía.
Gregorio Mayans, principal representante de la Primera Ilustración española - Imagen de dominio público
En 1734 Mayans publicó Cartas Morales, buscaba apoyo político, la concesión de la plaza de cronista de India, para emprender una reforma: estudio de las lenguas clásicas, estudio de jurisprudencia, de filosofía e historia. Esto exigía la publicación de fuentes documentales, estatales eclesiásticas, y la implicación del método crítico. El proyecto fue rechazado por el sistema más tradicional y antiguo: el silencio administrativo. La plaza le fue denegada y sus trabajos encontraron las críticas más duras sobre todo por sus antecedentes austracistas en la Guerra de Sucesión. Mayans fue acusado por el diario de los literatos de España de antiespañol, por publicar una reseña critica de autores consagrados (Feijoo) y de instituciones nacionales (Real Academia de la Lengua). Se acusaba a Mayans de desconocer las leyes de la historia y de dejarse llevar por la pasión. Las polémicas tuvieron consecuencias negativas en el campo de la historiografía crítica. Mayans abandonó la Real Biblioteca en 1739 y se retiró a su casa. 

En 1742 fundó la academia valenciana para promover los estudios de crítica histórica. Los medios eran: edición de fuentes y de los autores críticos. Es cierto que por algunas críticas, Mayans acabó siendo más comedido, al menos exteriormente. De este modo entramos en una época apasionante en la que se dilucida la postura oficial de las autoridades políticas en el campo de la historia crítica. 

Los proyectos de Mayans fueron conocidos por Burriel y Florez. Florez atacaba los falsos cronicones y acepta el valor del argumento negativo para rechazar la existencia de un hecho histórico. Cuando aborda las tradiciones eclesiásticas con profundas implicaciones sociales, cambia de método y exige la explicita negación de los hechos dudosos por la documentación de la época.
Florez se convirtió en el defensor más apasionado de las tradiciones eclesiásticas sobre el origen de la cristiandad española. Encontró el apoyo económico de los gobiernos, ya que veían argumentos más sólidos de unidad nacional. Mayans nunca se atrevió a hacer público su criterio, ya que no encontró el favor de las autoridades políticas o eclesiásticas. 

La actitud de Burriel fue distinta. En un momento gozó de todos los favores políticos y eclesiásticos para sus investigaciones en los archivos, supo presentar un programa ambicioso de búsqueda y edición de fuentes documentales. Sus investigaciones constituyen un ejemplo de investigación riguroso llena de sugerencias luminosas y que hubieran podido cambiar la faz de los estudios históricos. Los cambios políticos de 1754 frustraron los proyectos; Burriel reconocía los límites de Florez y confesaba que en 1750 no se podía decir la verdad histórica en España. 


4. La cultura y la Iglesia. Regalismo. Los conflictos de la Corona con Roma


Antes de entrar de lleno en este apartado, vamos a aclarar una serie de conceptos:

  • Regalismo: es la intromisión del poder político en asuntos eclesiásticos. El monarca no interviene en asuntos dogmáticos pero si en aspectos administrativos de la Iglesia, como la presentación de cargos eclesiásticos, asuntos económicos, privilegios estamentales, etc. Esta actitud tuvo su origen en una autoridad civil que pretendía controlar los aspectos eclesiásticos o defenderse del excesivo predominio del estamento clerical, el cual podría utilizar en provecho propio la potestad indirecta de la autoridad espiritual. Esto proviene de una corriente de amplia tradición hispana que fue adquiriendo mayor fuerza desde el fortalecimiento de la monarquía. 
  • Galicanismo: procede en sus planteamientos doctrinales del mismo clero. Es la actitud de la Iglesia francesa que solo reconocía validez a las decisiones de Roma cuando eran aceptadas por la base: sínodos, concilios nacionales u obispos. Este galicanismo episcopalista estaba basado en la autoridad de los obispos recibidos en la misma congregación, les permitía convocar concilios diocesales o nacionales sin necesidad de solicitar licencia de Roma. Luis XIV ejerció los planteamientos galicanos y practicó una política regalista muy agresiva. El caso extremo del galicanismo se dio cuando Richer puso a párrocos y a fieles como base de la iglesia francesa, así nació el Riquerismo (galicanismo extremo). Es importante saber esta diferencia ya que la corriente regalista, de arraigada tradición española, recibió durante el siglo XVIII una profunda influencia del galicanismo.
  • Jansenismo: en un principio consistía en una teoría teológica, la forma de cohonestar la necesidad de la gracia de Dios y la exigencia de libertad humana. En 1653 la bula Cum occasione de Inocencio X, fue condenada por sus cinco proposiciones que constituían el jansenismo doctrinal. ¿Quién defendía estas cinco proposiciones condenadas? Se llamaron jansenistas a los que defendían un rigorismo moral: necesidad de la contrición para el perdón de los pecados y condena del probabilismo. El jansenismo evolucionó hacia una concepción eclesiológica con la defensa de los derechos episcopales frente a la reserva pontificia y recibió el apoyo de los monarcas absolutos. La influencia en España, ya que esta nunca tuvo un jansenismo doctrinal, vino del exterior en intima conexión con el galicanismo. 
Vamos a señalar en primer lugar la conexión existente entre teoría y práctica del regalismo, porque se explican o justifican con los hechos concretos existentes. 
Para empezar, la Guerra de Sucesión en la que triunfaron los Borbones en España, continuó con la consiguiente derrota en Europa. El papa Clemente X se vio obligado a reconocer al archiduque como rey de España en enero de 1709, lo que motivó que Felipe V reaccionara, y los estados de Francia y España quitaron sus embajadores de Roma en castigo al papa por haber reconocido al candidato austríaco como legítimo rey de España

Hubo personas en España que se opusieron a esta breve ruptura con Roma, y esto lo vemos con El Memorial antirregalista de Luis Belluga. Este Luis era obispo de Murcia y fervoroso partidario de Felipe V, pero aunque en este memorial no niega los abusos de la Curia Romana, si se oponía al regalismo (es decir, a las injerencias del poder político en la Iglesia), pensaba que la reforma no podía proceder del poder político y condenaba las practicas regalistas que veía en la historia de España, estableciendo un paralelismo entre la obediencia a las directrices de Roma con la grandeza de la monarquía hispánica, y las diferencias con la iglesia que condujeron a la decadencia. Es decir, Luis Belluga afirmaba que obedecer al Papa ciegamente = triunfo de la monarquía y de España, desobedecer al Papa = decadencia política, militar y económica. 

Pero si hablamos de regalismo no podemos olvidar hablar del proceso de Macanaz. Melchor Rafael de Macanaz fue un pensador y político español de finales del XVII y principios del XVIII. Él escribió una obra llamada El Pedimento, obra en la que censuraba y criticaba fuertemente la inmunidad eclesiástica personal y local, criticaba las exenciones clericales jurídicas y económicas, y con dureza la práctica de la Curia Romana. Este ataque a la Iglesia tan desmedido, constituyó para la época un motivo de escándalo. Este instrumento de trabajo fue delatado al Santo Oficio, por lo que un eclesiástico, Luis Curiel, lo estudió más detenidamente y fue enviado al inquisidor general. 
Al conocerse la obra, los colegiales mayores desencadenaron una campaña contra Macanaz (ya que este también deseaba reformar planes de estudio universitarios y así como ejercer mayor control del monarca sobre el Santo Oficio). Mientras gobernó el equipo francés que rodeaba a Felipe V, Macanaz conservó el apoyo gubernamental, pero con el nuevo enlace matrimonial de Felipe V e Isabel de Farnesio, se ocasionaron cambios políticos y las circunstancias cambiaron: Macanaz fue abandonado a su suerte y su obra, el Pedimento, fue prohibida. 
Todo este cambio de suerte de Macanaz ocurrió cuando todos los conflictos de la Guerra de Sucesión habían terminado, ya que Felipe V firmó con el papado un Concordato (el del año 1717), y en dicho Concordato se acordó la prohibición del Pedimento de Macanaz, con el apoyo de Isabel de Farnesio. Los 15 artículos de este Concordato están centrados en dos grandes temas: primero, la Santa Sede recuperaba la situación jurídica y económica anterior a la ruptura de 1709; segundo, el gobierno español recibiría un renta de la iglesia española, calculada en 150.000 ducados anuales durante cinco años para luchar contra los Turcos. 
Melchor Rafael de Macanaz - Imagen de dominio público
A pesar del Concordato de 1717 los conflictos con Roma continuaron, en el marco de las guerras de Italia y el posterior Concordato de 1737. 
Con Felipe V la pérdida de los territorios de la monarquía católica había sido consecuencia de la paz de Utrecht y por las pretensiones de Isabel de Farnesio. Los pactos de Sevilla entre Inglaterra, Francia y España y los derechos hereditarios de los Farnesio y la captación posterior del Imperio (a cambio del reconocimiento de la Pragmática Sanción), permitieron al infante Carlos de Borbón el acceso a los ducados de Parma y Plasencia. El papado protestó pero la toma de posesión tuvo lugar al margen de la investidura feudal pontificia, y el verdadero problema se desencadenó con motivo de la guerra de Sucesión de Polonia: Francia y España apoyaron la candidatura de Estanislao Lesczynski, y la guerra dio pie a la conquista de Nápoles y Sicilia por España para el infante don Carlos (Carlos III). Pero la resistencia pontificia al reconocer la soberanía de Carlos desencadenó una dura polémica regalista. El gobierno español rechazó el acceso del nuevo nuncio, nombró gobernador del Concejo de Castilla a Gaspar de Molina, exigió el nombramiento como arzobispo de Toledo y creó la Junta de Real Patronato. La finalidad última era conseguir el Real Patronato Universal. Nos encontramos con dualidad de frentes en el regalismo español: la política exterior y la actividad por controlar el sistema beneficial de la iglesia hispana. 
La pugna fue dura: traductores de obras regalistas y galicanas, prohibición y condenas inquisitoriales, breves pontificios a la familia regia, al confesor del monarca y a los obispos, amenazas del Concejo de Castilla sobre los prelados, tratados regalistas encargados por el gobierno, ejercicio del exequátur regio, la presión militar del ejército español sobre los Estados Pontificios. La situación era insostenible y tenía que buscarse un intento de solución. 
El Concordato de 1737 iba a ser una solución: tenía 23 artículos, y en algunos se abordaron temas relativos al control de la iglesia hispana por parte del gobierno. El derecho de asilo fue regulado y disminuido. Disminuía el control de Roma sobre los beneficios eclesiásticos, aunque quedó un tema pendiente (coadjutorías con derechos a sucesión), más adelante objeto de duras polémicas. El Gobierno logró gravar económicamente al clero, pero el Concordato no resolvió el problema de fondo: el control del sistema beneficial de la iglesia hispana se dejó para futuras discusiones, que conducirían al acuerdo definitivo sobre este tema. 

El siguiente Concordato sería el de 1753. Las diferencias entre Roma y Madrid a mitad de siglo se manifestaban en una línea doble: polémica pública y diplomática, con ritmos distintos. Dada la importancia de este acuerdo en la evolución del regalismo español, conviene distinguir en discusiones, negociaciones, acuerdos y consecuencias. Discusiones: la iniciativa partió del cardenal Molina; retrasó la puesta en práctica del Concordato de 1737 y solicitó un documento pontificio en el que Roma confesase su error y reconociese el Patronato Universal de la Monarquía española. La negativa del nuncio propició, por Molina, la redacción de los trabajos jurídicos de Pedro de Hontalva y Gabriel de Olmeda.
Recibieron la respuesta fría y científica de Benedicto XIV, jurista, que desmontó los argumentos de los políticos españoles. Los intentos diplomáticos realizados por el cardenal Belluga en Roma fracasaron ante la intransigencia del gobierno español. Cuando murió Molina la línea negociadora fue dirigida por el confesor del monarca Jaime A. Févre. Cesadas las negociaciones diplomáticas comienzan las polémicas entre Jover-Mayans y el nuncio del Papa. 
Las discusiones se centran entonces en la jurisdicción del Consejo de Castilla sobre los beneficios eclesiásticos, en los abusos de Roma en la dispensa de los decretos conciliares de reforma moral y en el alcance y sentido del Concordato de 1737. Todo esto fue expuesto por Mayans en el Examen del concordato de 1737. En él la argumentación cambia, ya que no se trata de gracias concebidas por bulas pontificias, sino de regalías de la corona. Los gobernantes facilitaron el conocimiento del pensamiento galicano entregando a Mayans la Defensa de los cuatro artículos galicanos.
Al morir Felipe V le sucede Fernando VI y junto a éste su equipo de gobierno, lo que cambiará las circunstancias. Se inició un proceso diplomático complejo y difícil, con dos tipos de negociaciones paralelas: una oficial con la Secretaría de Estado, y otra secreta por el jurista Figueroa que llegó a los acuerdos con el secretario de Estado del Vaticano y Benedicto XIV. Fue el camino adecuado para llegar al acuerdo entre Roma y Madrid. 

Contenido y consecuencias: las ventajas conseguidas por el Gobierno español fueron grandes pero Roma dejó claro que era una gracia pontificia, no una regalía. Por ello el pontífice se reservó 52 beneficios eclesiásticos. España conseguía la abolición de las reservas pontificias sobre el sistema beneficial eclesiástico. Con el cambio radical en la financiación de la Curia Romana hubo que buscar una compensación económica. Era el final de una etapa del regalismo español y solucionaba los problemas regalistas de la primera mitad del siglo XVIII. Como la Monarquía española tenía mucho poder en la iglesia, el regalismo se convirtió en el eje de los movimientos doctrinales del siglo. 

Con la muerte del secretario de Estado Carvajal en 1754 se produjeron cambios en la evolución política y cultural española, también se desencadenaron pugnas internas por el control del poder que consiguieron apartar a los jesuitas del control de la conciencia del rey. Este cambio en el equipo del Gobierno produjo modificaciones en los planteamientos ideológicos de la política regia, en el campo de la cultura y los eclesiásticos. 
Los coetáneos establecieron una conexión entre los jesuitas y los Colegios Mayores creados a finales del siglo XV y siglo XVI, que aportaron los grupos dirigentes de la Monarquía hispánica. Los colegiales ocuparon los principales obispados y los altos cargos de la administración de justicia (Audiencias, Chancillerías, Consejos de la Monarquía). Los que no conseguían ingresar en un Colegio Mayor eran llamados manteístas y tenían muy restringido el acceso a las cátedras de Derecho en las universidades y casi imposible el logro de un alto cargo en la administración de justicia. 

El nuevo equipo de gobierno buscó el apoyo de grupos de manteístas, con sus respectivas consecuencias en el campo cultural, pues se manifestaron de forma opuesta al predominio cultural de los jesuitas favorecidos por el gobierno anterior, como el ejemplo del padre Burriel. La entrada de este nuevo equipo se hizo notar pronto: Ricardo Wall exigió la entrega de documentos copiados con encargo regio por los miembros de la comisión y en especial de Burriel. Éstos veían la solución a la decadencia cultural en la caída de los jesuitas y los colegiales, responsables de ella por rechazar a los manteístas. En el reinado de Carlos III los jesuitas empezaron sus primeros trabajos, pero el rey se acabara declinando por los manteístas. 
Pronto se notó la desaparición de los jesuitas del confesionario regio. Con Carlos III se dio el Catecismo de Mesenguy quien demostró que las circunstancias habían cambiado y que el regalismo había cambiado sus criterios doctrinales por el Concordato de 1753. Hubo una serie de prohibiciones de obras, hecho éste que creó un conflicto diplomático que se resolvió con el cese del padre Rávago. 

El ambiente estaba cambiando; el Gobierno quería controlar la Iglesia hispana y lo demostró con el proceso del obispo de Cuenca, que fue humillado por dos fiscales del Concejo de Castilla por escribir al Rey lamentándose de la legislación que él pensaba era perjudicial a la Iglesia. Pero el regalismo, que era la fuerza básica en el control de la Iglesia hispana, orientaba su poder en una línea antijesuítica y proclive a las tendencias episcopalistas y rigoristas.  

El hecho más significativo del reinado de Carlos III es la expulsión de los jesuitas en 1767. El Motín de Esquilache dividió el reinado, pero si los promotores del motín querían paralizar las reformas carolinas, solo consiguieron acelerarlas. Desde el gobierno Roda y Campomanes promovieron el programa de la expulsión nombrando a los miembros más opuestos a los jesuitas para el Concejo Extraordinario y llamando a conocidos enemigos de la Compañía. Con el informe del fiscal y la pesquisa secreta prepararon el decreto de expulsión que se llevó a cabo gracias a la capacidad del conde de Aranda, presidente del Concejo de Castilla.


5. Consecuencias culturales de la expulsión de los jesuitas


Vamos a ver los efectos del decreto de la expulsión de los jesuitas en el ámbito de la cultura y la religiosidad. 

A) Nuevos planes de estudio 
La decisión del extrañamiento de los padres de la Compañía estaba tomada ya con anterioridad, y las autoridades fueron preparando las medidas necesarias y aprovecharon las expulsiones de los jesuitas de Portugal y Francia para crear el ambiente oportuno. En el campo cultural premiaron a Mayans con el titulo de alcalde de Casa y Corte con una pensión vitalicia. Roda le encargó la redacción de un plan de estudios que se pudiera aplicar a todas las universidades. Mayans escribió: Idea del nuevo método que se puede practicar en la enseñanza de las universidades de España. Hubo otros informes pedidos a Antonio Tavira y a Pablo Olavide. 
La reforma universitaria carolina no alcanzó un desarrollo por igual en todas las universidades, ni tampoco los gobernantes pusieron el mismo interés en todos los campos de la enseñanza, ya que se preocuparon más en dos aspectos: dar una imagen de interés por la cultura que hiciese olvidar la enseñanza de las lenguas clásicas dominada por los jesuitas, y el control de la enseñanza del Derecho, especialmente, del Derecho canónico en una línea de exaltación del poder del rey. 

En el estudio de las humanidades el interés se centró solo en la enseñanza de los hijos de Carlos III. El interés publicitario de esto quedo plasmado con la propaganda de los ejercicios públicos de los infantes y la difusión publicitaria de los Reales Estudios de San Isidro, que reunió a los mejores humanistas de España. No hubo mucho interés por implantar la enseñanza del griego. Lo que si se propicia es la imposición de textos regalistas y galicanos en los planes de estudio, en especial, en facultades de Derecho con autores que exaltaran la idea del poder del monarca
Un texto modelo fue el Ius ecclesiasticum universum, de Van Espen, autor que con sus doctrinas sobre el episcopalismo y el poder del rey había producido la rebeldía de la Iglesia cismática de Utrecht. Este autor fue completado con la imposición de otros tratadistas de derecho canónico conocidos por su carácter favorable al poder del monarca, anticuriales y con ideas galicanas, con la frecuente lectura de autores como Febronio, radical, y Antonio Pereira, consejero del ministro Pombal.

Cuando fueron expulsados los padres de la Compañía, los textos de sus filósofos y sus teólogos fueron prohibidos en los planes de estudio universitarios. Se alegó la perversa doctrina y el probabilismo, que se identificaba con el laxismo. Los autores españoles desaparecieron prácticamente de los planes de estudios, siendo el único autor que se mantuvo en las universidades Melchor Cano. Con la desaparición de los jesuitas la escuela tomista se convirtió en el grupo intelectual dominante en el campo de la filosofía y la teología. 

Los autores preferidos a partir de entonces eran franceses, llenos de ideas galicanas o jansenistas, y también los italianos, que mantenían ideas próximas a los jansenistas de Utrecht. Los jansenistas españoles recibieron el empuje de los extranjeros a través del viaje del canónigo francés Agustín Clément, quien aprovechando la expulsión de los jesuitas vino a España, siendo muy bien recibido por Campomanes y Roda; habló con el obispo de Barcelona y animó a los obispos a escribir al Papa a favor de la Iglesia de Utrecht. Roda y Carlos III, por intentar controlar la Curia Romana, también escribieron a favor de la Iglesia de Utrecht. Por este motivo hubo polémicas, ya que con motivo de las reformas introducidas en los ducados de Parma y Plascencia por el sobrino de Carlos III, el Papa condenó su práctica política con el Monitorio de Parma; los Borbones protestaron y Campomanes escribió la respuesta en el Juicio imparcial sobre el Monitorio de Parma.


B) Actividad cultural e Ilustración radical 
Vamos a recordar la actividad cultural desarrollada por los jesuitas españoles exiliados en Italia, que en contacto con las ideas europeas, manifestaron una receptividad asombrosa. Un ejemplo es Juan Andrés, autor de Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, que se convirtió en el texto de los Reales Estudios de San Isidro de Madrid. Era la aportación cultural más importante de los ilustrados españoles y su autor gozo de buena fama.
En lo demás, los jesuitas hispanos demostraron un espíritu combativo y publicaron unos libros que defendían la historia cultural hispana.

Sea como sea, durante el reinado de Carlos III hubo una actividad intelectual desconocida, ya que las instituciones mostraron una gran actividad. La Real Biblioteca acepto a unos miembros de gran preparación intelectual en lenguas clásicas y modernas y esto se notó. Además, la Real Academia de la Historia, bajo la dirección de Campomanes, desarrolló una gran actividad cultural. Con Carlos III el nivel de los estudios y trabajos filológicos, humanísticos y de erudición alcanzaron un nivel muy alto.

También hubo un gran progreso en el campo de las ciencias, Jorge Juan se hizo famoso por su obra Observaciones astronómicas en 1748, y prosiguió en colaboración con el Gobierno como espía político e industrial, sin abandonar sus estudios matemáticos y astronómicos. También hay estudios botánicos, y respecto a la química los esfuerzos de Gómez Ortega y Bowles se vieron recompensados con la creación de varios centros de estudios químicos. Hubo también en este siglo un interés por los estudios económicos, y todos insisten en el cambio de mentalidad de los tratadistas, uno de ellos fue Bernard Ward, que tras realizar unos viajes por Europa redactó su Proyecto económico

En el campo de las reformas económicas es necesario recordar la creación de las Reales Sociedades de Amigos del País, nacida en el País Vasco y asumida por el gobierno, la cual se extendió por toda la nación, aunque no en todos los lugares fue igual. La penetración de las ideas Ilustradas fue muy intensa en el reinado de Carlos III, por la afloración de revistas de difusión cultural como El Pensador, El Censor… algunas duraron muy poco, pero dieron a conocer a los autores más importantes del movimiento ilustrado. Las revistas se fueron radicalizando a medida que se aproximaba la fecha de la Revolución Francesa. 


6. La revolución francesa y su reflejo en la cultura


El inicio del reinado de Carlos IV coincidió con los primeros pasos de la Revolución Francesa y los vaivenes políticos interfirieron más en el proceso de la religiosidad y la cultura. La actitud del gobierno español ante la revolución fue llamada el “pánico de Floridablanca”, que prohibió todas las noticias sobre lo ocurrido en Francia y la apertura establecida por el Conde de Aranda tuvo que ser limitada. Solo con la llegada de Godoy se permitió la entrada de libros extranjeros, menos los que atacaban directamente a la Monarquía o la religión. Y así penetraron obras como las de Adam Smith, Condillac o Buffon. Llamamos a esta etapa de permisión “Godoy y el resurgimiento”. 

En esta etapa, el campo de la historia los proyectos se fueron realizando con regularidad, como Flórez o Juan Bautista Muñoz, Jaime Villanueva… También continuaron los progresos en el ámbito de los estudios clásicos como los trabajos de Estala o Melón. Los humanistas tomaron más diversas opciones políticas ante la invasión napoleónica, ya que algunos colaboraron con José I en la redacción del Código de Bayona y otros se manifestaron muy activos en las Cortes de 1812. En el campo de las ciencias esta continuidad llegó hasta su máximo apogeo. 

En el campo político las circunstancias son más complejas. La receptividad ante las críticas en contra del absolutismo era abundante en algunos artículos, como el de Jovellanos, quien ha recibido muchos elogios por su valentía al enfrentarse con la rémora económico-social que entrañaban los bienes de manos muertas. Un personaje menos conocido es León de Arroyal, que redactó las Cartas político-económicas al conde Lerena, en la que confiesa que en la razón es menester basar los derechos naturales. 

Con esta entrada dando breves apuntes sobre la Ilustración en España terminamos la Edad Moderna en España.

¡Feliz Jueves! - Aprehender la historia, hacer historia, aprendes la historia
20/Octubre/2016

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Hª EDAD MODERNA de España: el reinado de Carlos IV (1788-1808)

Con esta entrada hablaremos del último rey de la Edad Moderna en España: Carlos IV. Este monarca accedió al trono en diciembre de 1788 a la edad de 40 años, y aunque la historiografía actual le concede un papel activo en cuestiones de política exterior siempre se tuvo de él la imagen de un rey “no acorde con sus responsabilidades”. Fue aficionado a la pintura y la música y, como todo Borbón, amante de la caza y de los caballos. Se sintió defensor de la dinastía, especialmente de las ramas italianas de Nápoles y Parma. 
Se casó con su prima hermana María Luisa de Parma, con una gran afición al lujo por lo que fue criticada junto con un supuesto romance que mantuvo con Godoy, bulo difundido por los enemigos de éste como única explicación de su ascenso meteórico. 
Vamos a ir viendo las distintas fases de su gobierno, marcadas por el ascenso de distintos políticos.
Carlos IV - Imagen de dominio público

1. La etapa de Floridablanca y el temor al contagio revolucionario francés


Basándose en sus buenas relaciones con el que hasta entonces era príncipe de Asturias, el conde de Aranda pensaba que a la muerte de Carlos III sería llamado a relevar al conde de Floridablanca, pero el rey en su lecho de muerte recomendó al heredero Carlos IV que lo mantuviera como Secretario de Estado. 

Carlos IV confirmó al conde de Floridablanca como Secretario de Estado junto con el equipo ministerial heredado de su padre, deshaciéndose así los planes del conde de Aranda. La segunda decisión que tomó el rey fue convocar Cortes en septiembre de 1789 para que los procuradores juraran como heredero al infante don Fernando. Pero fue en estos instantes cuando Francia entera se convulsionaba debido a la gran Revolución Francesa. Los ideales de la Revolución y el temor a la misma, hizo que Carlos IV ordenara que las Cortes fuesen disueltas el 17 de octubre de 1789 ante el temor de la propagación de la revolución francesa, ya que aunque la revolución había comenzado en mayo del 89, se estaba radicalizando en otoño, y para el día 6 de octubre se produjo el asalto al palacio de Versalles por los parisinos obligando al rey y su familia a trasladarse a París contra su voluntad. 

Floridablanca intentó que las noticias de la Revolución Francesa no llegasen a España, e impuso la censura encargando a la Inquisición que requisara todo manuscrito que criticara la monarquía o el papado y que vigilara especialmente la universidad y los ambientes ilustrados. Esto solo fue una tendencia represiva que se había iniciado antes de la Revolución Francesa, ya que con la llegada de Floridablanca al poder en el 1777 se fueron poniendo trabas a la entrada de la Ilustración en España, a partir de 1784 se intensificó el control en las aduanas para impedir la entrada de los escritos de los filósofos, y un año después se fortaleció la censura reactivándose los tribunales inquisitoriales. Los ilustrados españoles fueron silenciados por sus críticas al aislacionismo cultural. 
El temor de Floridablanca estaba justificado por la carencia de un dispositivo de orden público que pudiese contrarrestar la delincuencia política y por el malestar existente en muchas ciudades por la escasez de pan y su alto precio, situación similar a la que se había dado en Francia en el 1789. Las instituciones de seguridad en España tenían escasos efectivos, con competencias limitadas a áreas territoriales reducidas y sin visión de conjunto del orden público. Se elaboró un censo de residentes extranjeros en 1791 con el fin de controlar sobre todo a los ciudadanos franceses. 

Una serie continuada de sequías y malas cosechas, especialmente la de 1788 (y que fue grave en Europa, siendo una de las causas de la revolución francesa), tuvieron como resultado en 1789 una subida fortísima del precio del pan dando lugar a disturbios, en estos motines empezaban a aparecer elementos ideológicos preocupantes para las autoridades como gritos subversivos y pasquines. Para evitar los motines debidos a la carestía y la propaganda revolucionaria que llegaba del exterior Floridablanca colaboró más estrechamente con el Santo Oficio, el Estado se encargaba de prevenir (se prohibió la publicación de noticias sobre Francia y se distribuyeron soldados en la frontera para impedir la entrada de noticias del exterior), y los 14 tribunales de la Inquisición se encargaban de la labor represiva (impedir la difusión de proclamas, folletos, libros, periódicos y octavillas antimonárquicas y anticlericales). 
La posición de Floridablanca ante Francia siempre fue inflexible, se negaba a admitir la constitución francesa (la primera de ellas, redactada y jurada en 1791), y el juramento que había hecho de ella Luis XVI, esto en cierto modo ponía en peligro la cabeza del monarca francés y fue aprovechado por los partidarios del conde de Aranda que durante todo el año 1791 y principios de 1792 intrigaron en la corte para favorecer la caída de Floridablanca. Ante la negativa de éste a cambiar de postura y tras una reunión de Carlos IV con el embajador francés, el conde de Floridablanca fue destituido en el año de 1792 
El mismo día de su cese se le obligó a marchar a Murcia, cuatro meses después sería detenido acusado de abuso de autoridad y de irregularidades administrativas, permaneció en prisión hasta 1794, aunque un año después fue completamente rehabilitado. 
José Moñino, Conde de Floridablanca - Imagen de dominio público

2. El breve gobierno del conde de Aranda en 1792


Para aceptar la secretaría de Estado Aranda puso como condición el restablecimiento del Consejo de Estado con él como decano, lo que le convertía de hecho en primer ministro. El Consejo de Estado durante el siglo XVIII no tuvo ningún tipo de actividad, fue remodelado y todos los “Secretarios de Despacho” pasaron a formar parte del Consejo de Estado, se instituyó el cargo de decano y se fijó el Palacio Real como sede para facilitar al rey su asistencia. La primera sesión tuvo lugar el 10 de abril con la cuestión de Francia como prioridad. 

El conde de Aranda apostó por un aperturismo hacia Francia con la doble intención de influir en la situación de Luis XVI y de tener un aliado frente a Inglaterra, pero Aranda no contaba con que los revolucionarios girondinos alcanzaran el poder en marzo de 1792 e intentaran exportar el modelo revolucionario francés fuera de sus fronteras. En abril de 1792 la Asamblea francesa declaró la guerra a Austria y Prusia y en agosto se asaltó el palacio de las Tullerías, encarcelando al rey y a su familia, por lo que este hecho junto con los asesinatos de principios de septiembre obligaron a Aranda a retirar el embajador español de Francia.
Se convocó al Consejo de Estado donde se concluyó que era inevitable intervenir para reponer a Luis XVI en el trono, a pesar de que Inglaterra pudiese salir de su neutralidad y aprovechara la situación para atacar los intereses españoles de ultramar. Así que se pusieron manos a la obra con los preparativos para la guerra, aunque en secreto, para no empeorar la situación del monarca francés. Debido a las carencias financieras y de material y a pesar de la insistencia del papa para que España se sumara a la cruzada contra Francia, se obró con cautela y sin prisa porque el conde de Aranda pensaba que el momento idóneo para la intervención sería tras la derrota francesa ante Austria y Prusia. Pero una vez más se vieron incumplidas las expectativas del conde de Aranda, ya que el ejército prusiano fue derrotado en Valmi en septiembre por las poderosas fuerzas revolucionarias francesas, y este hecho obligó a Aranda a tomar posiciones más neutralistas debido a la imposibilidad del ejército español de entrar en guerra por su falta de preparación. La inacción del conde de Aranda decidió a Carlos IV a destituirlo en noviembre de 1792, tras ocho meses de gobierno, optando el monarca por una solución novedosa: poner en el gobierno al joven Manuel Godoy. 


3. Manuel Godoy y la guerra de la Convención. La lucha contra Francia 


Manuel Godoy Álvarez de Faria tuvo una brillante y acelerada carrera debido al favor de los monarcas, en especial de la reina María Luisa de Parma. Hidalgo e hijo de coronel, en dos años y medio pasó de ser cadete del cuerpo de “Guardias de Corps” a teniente general del ejército, duque de la Alcudia, Consejero de Estado en 1792 y Secretario de Estado en noviembre de ese año. 
Su meteórica ascensión no fue atípica en la época, en Inglaterra fue también fulgurante la promoción de William Pitt “el joven” con quien se quiso comparar a Godoy en España, pero el único parecido entre las dos carreras fue la juventud de ambos, ya que Pitt “el joven” fue un gran administrador y estadista, cualidades que no tenía Godoy.
Carlos IV le encargó a Godoy la tarea de salvar la vida a Luis XVI mediante una posición neutral ante la Convención y utilizando la diplomacia y los sobornos para evitar que votaran la condena a muerte del monarca francés, política que no dio resultado, puesto que Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero de 1793 ante la mirada de toda Europa. 

La condena a muerte del rey supuso que Inglaterra rompiese relaciones con Francia tres días después, lo que empujó a Carlos IV a declarar la guerra a Francia pese a la defensa que hizo el conde de Aranda (que permanecía en el Consejo de Estado) de la necesidad de que España permaneciera neutral debido a la debilidad del ejército español y las malas comunicaciones de la zona pirenaica que dificultarían el aprovisionamiento a las tropas, además de argumentar que el enemigo natural de España era Inglaterra que podía amenazar las posiciones españolas en América. A pesar de tener razón el conde de Aranda, puesto que Francia no era un enemigo natural en aquel momento, y lo que de verdad peligraban eran las colonias a mano de Inglaterra, el rey se dejo influenciar fuertemente por Godoy, y como resultado Aranda acabó siendo desterrado a Jaén y más tarde confinado en la Alhambra. 
Se inició entonces una campaña de propaganda patriótica que justificase la lucha contra los franceses contando con la ayuda de la iglesia que veía en la Ilustración su gran enemigo. Convertido el conflicto en “cruzada”, Godoy pidió a los obispos que se exhortara a la población al combate desde los púlpitos. Se identificó Ilustración con Revolución, lo que provocó una corriente de fobia hacia los franceses que dio lugar en muchos lugares de España a violencia contra residentes franceses que no tenían nada que ver con la Revolución. Estos episodios fueron especialmente graves en Cádiz, Barcelona, Málaga y Valencia donde se atacaron a rivales comerciales franceses. Tanto España como la Convención utilizaron abusivamente la propaganda con el fin de alentar a la población a la lucha. 
Manuel de Godoy - Imagen de dominio público
Aunque en un principio España atacó y se ocupó con algún éxito parcialmente el Rosellón, la guerra con Francia sería un tremendo desastre para España. Las tropas francesas eran mucho más disciplinadas por la presencia de los “representantes del pueblo” (comisionados por la Convención y que ejercían de “comisarios políticos”), que la mantenían una disciplina férrea a base de amenazas y guillotina, además de ser un ejército mejor pertrechado y muchísimo más numeroso. Así pues, tras ocupar los franceses el valle del Baztán y Fuenterrabía, ciudades importantes como San Sebastián se entregaron a Francia sin resistencia, y tres meses después, en noviembre de 1794, se entregó Figueras, lo que supuso un gran golpe moral para la población. 
Los republicanos no avanzaron más porque se les echó encima el invierno pero en el verano del año siguiente (1795) se tomó Bilbao y Vitoria, y algunos meses antes se había tomado también Rosas y el Ampurdán (que dejaba a Barcelona casi en manos del enemigo). Finalmente los franceses no siguieron avanzando debido al cansancio de las tropas y al temor de los generales de alejarse demasiado de las vías de suministro y tener que defender un territorio demasiado extenso. El descontento popular junto con el agotamiento de la Hacienda Real provocó el acuerdo con los franceses, interesados también en dicho acuerdo porque se estaban debilitando al tener que mantener varios frentes abiertos. De todas formas, Francia ocupó estos territorios durante un tiempo. 

Los reveses de la guerra propiciaron movimientos de oposición a Godoy entre los que destacan el del pedagogo Juan Antonio Picornell, el del marino Alejandro Malaspina y el del aristócrata conde de Teba. Sin olvidar a los españoles que estaban en el exilio y que se inclinaban por la vía revolucionaria como José Marchena. Aunque tenían objetivos distintos, tanto Picornell como Malaspina intentaron aprovecharse del descontento general causado por la guerra. 
Picornell intentó, en 1795, proclamar un nuevo régimen para acabar con la crisis económica y con la inmoralidad de Godoy, apoyándose en las clases populares pero sin especificar qué tipo de régimen, incluso llegaron a tener preparadas dos proclamas, una monárquica y otra republicana según salieran las cosas. El día de San Blas de ese año de 1795 fueron detenidos Picornell y sus pocos secuaces, siendo condenado a muerte junto a tres de ellos pero les fue conmutada la pena por cadena perpetua en prisiones americanas. Dos años después conseguían escapar de la prisión de la Guayra uniéndose a los movimientos emancipadores americanos en contra de Madrid. 
Por otro lado, tras circunnavegar la tierra y también en el año 1795, el famoso marino Malaspina intentó hacer llegar al rey su proyecto para librar a la monarquía de las manos de Godoy. Próximo a la política de Aranda, Malaspina deseaba un acercamiento a Francia como precaución ante Inglaterra y una mejor administración en los territorios americanos para evitar los conatos independentistas. Su proyecto fue interceptado por Godoy, y Malaspina fue detenido en noviembre acusado de conspiración contra la monarquía.
Alejandro Malaspina - Imagen de dominio público
También el conde de Teba (hijo de la condesa de Montijo) representaba la oposición aristocrática  a Godoy (que seguía liderando Aranda), ante la desastrosa política exterior de Godoy, considerado un usurpador de las funciones tradicionales de la aristocracia. El conde de Teba añoraba la época en que el poder de los reyes se veía limitado por la independencia de la alta nobleza, reivindicaba un modelo de monarquía en la que el rey compartiese el poder con la aristocracia, por ello el conde de Teba fue condenado al exilio de la corte. 

En la vanguardia del movimiento favorable al liberalismo destacó José Marchena, español exiliado en Francia, colaborador de la república francesa y que jugó un papel destacado en la difusión de la propaganda revolucionaria en España. 
Proyectaba promover en España un proceso revolucionario pero no idéntico al francés sino que tuviera en cuenta las particularidades españolas como la falta de una burguesía que encabezara el proceso como había ocurrido en Francia. Pensaba acelerar el reformismo ilustrado suprimiendo la Inquisición, restableciendo las Cortes y limitando los abusos y privilegios del clero para que el pueblo accediera lenta y gradualmente a la plenitud de sus derechos políticos. 

Ante toda esta fortísima oposición, Godoy decidió dar un giro a la política exterior (por temor a ser derrocado) e inició el acercamiento a Francia y el enfrentamiento con Inglaterra. 


4. La alianza con Francia y la lucha contra Inglaterra 


A) El gobierno de Godoy aliado a Francia
Tras la caída de Robespierre en julio del año 1794, la República intentó ser reconocida internacionalmente y así salir del aislamiento y poder atraer a España (que poseía un gran potencial naval) ante una previsible guerra con Inglaterra. La extenuación de las tropas francesas en territorio español y la falta de suministros por un lado, y la situación de la hacienda española, las derrotas militares y un gran malestar general que podía desembocar en una situación prerrevolucionaria por otro, llevaron a Godoy al acercamiento con Francia y a la búsqueda de un acuerdo para finalizar la guerra. La finalización del conflicto se firmó en Basilea en julio del año 1795 con un acuerdo donde territorialmente, España solo perdía sus posesiones en Santo Domingo, manteniendo el resto de territorios americanos y recuperando todo el espacio perdido en la Península Ibérica, fijando la frontera en los Pirineos. Acuerdo que en un principio parecía muy benévolo por parte de los franceses pero que a la postre les beneficiaría, puesto que éstos pretendían reeditar la alianza francoespañola (contra Inglaterra) que había unido a las dos potencias vecinas durante todo el siglo XVIII. 

Alianza que se consiguió un año después (agosto de 1796) y que le valió a Godoy el título de “príncipe de la paz” otorgado por el monarca Carlos IV. Pacto llamado de San Ildefonso y firmado con el Directorio francés, en el que se establecía una alianza ofensiva-defensiva frente a Inglaterra. Aunque se intentaba justificar la imposibilidad de llegar a un acuerdo de paz con Inglaterra a causa de la ambición colonial británica, el cambio de actitud de Godoy respondía exclusivamente al oportunismo, uniendo así a una de las monarquías más tradicionales de Europa con la República regicida. 

Dos meses después rompían las hostilidades con Inglaterra a pesar de los gravísimos perjuicios económicos que ello supondría para España. En realidad, la guerra contra Inglaterra fue mucho más desastrosa que la sostenida con Francia entre los años 1793 y 1795, iniciándose el sometimiento de España a las iniciativas francesas y a las pautas que marcaron (hasta el año 1808) el Directorio, el Consulado y el Imperio. En febrero del año 1797 una escuadra española fue derrotada frente al cabo San Vicente por otra inglesa con menos efectivos pero con una marinería y unos mandos mejor preparados, dos días después los ingleses se apoderaron de la isla Trinidad en el mar Caribe, isla de un importantísimo valor estratégico. 

América era atacada por todos los lados, aunque con desigual resultado, por ejemplo, los españoles consiguieron rechazar la invasión inglesa a Puerto Rico tras quince días de combates. La armada inglesa que venció en San Vicente, con mas navíos y con Nelson como contralmirante, decidió atacar Cádiz, incendiar los arsenales y los barcos allí fondeados pero no logró ninguno de sus objetivos por lo que se dirigieron a las islas Canarias, y en julio del 1797 atacaron Santa Cruz de Tenerife, pero los ingleses fueron rechazados y Nelson perdió el brazo derecho. 

La situación de la Hacienda española (agravada por la anterior guerra con Francia) se hizo angustiosa, se incrementaron los gastos militares y disminuyeron los ingresos (sobre todo los procedentes de América ya que se interrumpió el comercio marítimo), lo que aumentó el déficit hasta niveles insoportables. La victoria de Francia sobre Austria (que supuso un cierto equilibrio), y el coste económico que suponía la guerra (incluso para Inglaterra), motivaron el inicio de conversaciones de paz entre Inglaterra y Francia, siendo marginados los españoles (que exigían la devolución de Trinidad y Gibraltar) por el Directorio francés en dichas conversaciones, lo que provocó el enfriamiento de las relaciones franco-españolas. 

Godoy, debilitado por las derrotas militares, por la crisis económica (agravada por pésimas cosechas que provocaron el alza de los precios) y por un cierto distanciamiento de los monarcas, realizó cambios en el gobierno dando entrada a notables ilustrados como Jovellanos y Francisco Saavedra. Jovellanos tenía los objetivos de reformar la universidad, iniciar la desamortización y suprimir parte de las atribuciones de la Inquisición; no consiguió nada de ello y fue declarado enemigo del Santo Oficio, siendo sustituido a los nueve meses y confinado en Asturias (días después se produjo una purga de ilustrados en la administración). 
La subordinación que deseaba Francia para España creaba una fuerte irritación en Madrid, sobre todo entre los que pensaban que España estaba aislada de los países europeos (más próximos ideológicamente), lo que había ahondado la crisis económica y financiera con el consiguiente aumento del descontento social. Godoy se sentía agraviado por la marginación que sufrió por parte de Francia en las conversaciones de paz con Inglaterra, a su vez el Directorio recelaba de Godoy por sus buenas relaciones con los franceses monárquicos exiliados y por su actitud reacia a llevar a cabo una acción militar contra Portugal (alegando que la hija de Carlos IV estaba casada con el regente portugués). 
Las presiones ejercidas por el Directorio empujaron a Carlos IV a cesar a Godoy en marzo de 1798 pero conservando todos los honores. Fue sustituido por Francisco Saavedra aunque, debido a sus muchos achaques, quien realmente dirigió los asuntos de gobierno fue Mariano Luis de Urquijo quien (con sólo 20 años) se intentó enfrentar a la delicada situación interior e internacional. 


B) El paréntesis ministerial de Urquijo (1798-1800)
Entre el cese de Godoy en el año 1798 y su regreso al poder en 1800, Urquijo se enfrentó a una crisis económica en el interior, empeorada por una gran inflación y el continuo hostigamiento de los corsarios ingleses (que mantenían cortada la comunicación con América). En un contexto de riesgo de bancarrota, Urquijo puso en marcha un proceso desamortizador que le enfrentó con la iglesia. Pero los problemas más graves se daban en la escena internacional donde España tenía, cada vez más, limitada la capacidad de maniobra. Urquijo se debatía entre mantener los vínculos que unían a España con Francia o, por el contrario, tomar partido en contra de la república, Las presiones del Directorio le decidieron por el lado francés ante el temor de una invasión. 
Mariano Luis de Urquijo - Imagen  de dominio público
Tras la batalla de Abukir (donde fue destruida la armada francesa del Mediterráneo, quedando Napoleón aislado en Egipto), y la toma de Menorca, quedaba claro el dominio marítimo inglés. Se iniciaron los preparativos en Tolón para concentrar una armada francoespañola que transportara desde Egipto a las tropas de Napoleón mientras Francia presionaba a Carlos IV para que facilitara el paso del ejército hacia Portugal con la intención de forzar un tratado y evitar así la presencia de la flota británica en los puertos portugueses; pero Carlos IV no deseaba permitir el tránsito del ejército francés por suelo español ante el miedo de que difundiesen el ideario republicano. 
Urquijo, convencido de que Inglaterra era más peligrosa para los intereses españoles que el sistema revolucionario, optó por mantener los vínculos con Francia, lo que acentuó la dependencia de nuestra política con respecto al poderoso vecino. En noviembre del año 1799 se inauguró una nueva forma de gobierno en Francia: el Consulado, con Napoleón como primer cónsul, este impuso en diciembre el cambio de Urquijo por Godoy, que volvió como Generalísimo a inicios de 1800, y a la cabeza del ejército en enero del año 1801 aunque completamente dependiente de Napoleón, situación que se prolongó hasta el año 1808. 


C) La política española al servicio de los intereses napoleónicos 
La vuelta de Godoy se debió a tres factores, en primer lugar al deseo del rey de reanudar las buenas relaciones con la iglesia (afectada por la política desamortizadora de Urquijo), en segundo lugar a la disposición de Godoy a someterse a Napoleón y en tercero a las intrigas urdidas por el propio Godoy contra Urquijo. Se inició la persecución de elementos reformistas del anterior gobierno de Urquijo, Godoy se alió con el clero y se situó a la cabeza de una ofensiva reaccionaria encarcelando, por puro rencor, a Jovellanos entre el año 1801 y el 1808 culpándole de su pérdida del poder en 1798. Los ilustrados quedaron relegados al ostracismo hasta 1808 cuando tuvieron de nuevo la oportunidad de influir en los asuntos públicos. 

Godoy (espoleada su ambición por Napoleón prometiéndole la Corona del Algarbe) junto con Luciano Bonaparte (hermano de Napoleón y embajador francés en Madrid), convencieron a Carlos IV de lo beneficioso de una intervención española en Portugal, evitando que Napoleón colocara un monarca satélite en el trono luso. Godoy le dio un ultimátum a Portugal, exigiéndole que rompiera relaciones con Inglaterra, que cerrara sus puertos a los barcos ingleses y que cediera parte de su territorio hasta que Inglaterra devolviera Trinidad A España y Malta a Francia. 
Como Portugal se negó a ceder a las pretensiones españolas, en febrero del año 1801 se declaró la guerra a Portugal, la llamada “guerra de las naranjas”, que acabó con el tratado de Badajoz en junio del mismo año y donde Portugal se comprometía a cerrar sus puertos a los ingleses, a entregar Olivenza a los españoles y un territorio al este de la Guayana a Francia, a firmar un tratado comercial con la república y a pagar una indemnización de 15 millones de libras. Napoleón quedó insatisfecho con el resultado, puesto que pretendía la invasión de Portugal para forzar a Inglaterra la devolución de Malta, Menorca y Trinidad. Agotadas por el esfuerzo bélico, Francia e Inglaterra firmaron la paz de Amiens sin contar con los intereses españoles (una vez mas) por lo que Trinidad quedó en manos inglesas. 
Como la paz de Amiens no resolvía realmente los problemas en Europa, Napoleón (nombrado cónsul vitalicio en agosto), necesitaba la ayuda de España para cuando se reanudara la guerra (lo cual se produjo en el 1803), intentando España permanecer neutral junto con Rusia y Prusia, objetivo que no se logró y no le quedó más remedio que firmar el “tratado de subsidio”, por el cual se comprometía a pagar a Francia seis millones de libras al mes y permitir la entrada en los puertos españoles de los buques franceses. 
Godoy, guiado una vez más por su ambición personal y deseando ser rey del Algarbe, acabó poniendo la armada española bajo las órdenes de Napoleón. La guerra volvió a ser calamitosa para España, Napoleón intentaba unir las dos flotas para invadir Inglaterra con 160.000 soldados, pero en octubre del 1805 las flotas inglesa y francoespañola se encontraron en Trafalgar sufriendo estos una gran derrota debida a la escasa preparación de las tripulaciones hispanogalas y a la mediocridad del almirante francés Villeneuve. La brillantez de Nelson y la necedad de Villeneuve (que ignoró las recomendaciones de los marinos españoles), fueron las causas de la derrota. Junto a Nelson murieron Churruca, Alcalá Galiano y Gravina (élite de la marina de guerra española). 
Pintura que representa la batalla de Trafalgar - Imagen de dominio público
La impopularidad y el desprestigio de Godoy creció por lo que la dependencia de éste de Napoleón era cada vez mayor, y en 1807 Godoy mandó 14.000 soldados a Alemania para apoyar el bloqueo continental a Inglaterra y puso a la venta una séptima parte del patrimonio de la iglesia (previa autorización papal), para contribuir al esfuerzo militar francés. Napoleón propuso a Godoy acabar con la monarquía de los Braganza y reservarle el Algarbe, y firmaron el tratado de Fontainebleau en octubre del 1807 en el que se fijaba el reparto de Portugal y se permitía la entrada del ejército francés a suelo español para colaborar con el ejército hispano en la conquista de Portugal. Ese mismo mes se dieron los primeros pasos para desalojar a Godoy mediante intrigas en torno al príncipe de Asturias (el futuro Fernando VII). 


D) El partido fernandino y las conspiraciones de El Escorial y Aranjuez 
La oposición aristocrática se aglutinó en torno al príncipe de Asturias (futuro Fernando VII) que se convirtió en el enemigo más activo de Godoy, formándose así el llamado “partido fernandino” dedicado a desprestigiar a Godoy y a los reyes mediante la calumnia, la sátira y la difamación, pagado todo ello por don Fernando. En los meses previos a octubre del año 1806, Godoy negociaba una alianza con Inglaterra y Rusia contra Napoleón. Pero poco después Godoy olvidaba la posible alianza con Inglaterra y Rusia, debido a la gran victoria de Francia este ante Prusia, por lo que Godoy abandonó el proyecto antinapoleónico. A pesar de ponerse de nuevo del lado Francia, Napoleón había perdido la confianza en Godoy, situación que aprovechó Fernando para postularse como el mejor sustituto a Godoy.

El nombramiento de Godoy como “alteza serenísima” por el rey Carlos IV hizo pensar a Fernando que iba a ser apartado de la sucesión al trono y que Godoy sería nombrado regente a la muerte del monarca, ya debilitado y enfermo. Tras descubrirse la conspiración de El Escorial, por la cual el rey Carlos IV sería obligado a abdicar en Fernando con la ayuda de la nobleza, Fernando fue recluido en sus habitaciones y desterrados los conjurados más destacados. Fernando fue perdonado por esta conspiración, pero la institución monárquica de Carlos IV salió perjudicada, y la desconfianza hacia Carlos IV fortaleció la posición del partido fernandino, ya que la mayoría de los españoles creían que todo había sido una conspiración de Godoy para desacreditar al príncipe de Asturias. 
Entre los días 17 y 19 de marzo del año 1808 se produjo el motín de Aranjuez, organizado por los partidarios de Fernando y que no era más que una prolongación de la conspiración de El Escorial con los mismos protagonistas y fines pero mejor organizado, y se saqueó el palacio de Godoy donde se encontraba la familia real. Carlos IV fue obligado a destituir a Godoy (el 18 de marzo) que fue encarcelado en el castillo de Villaviciosa, y a abdicar en su hijo Fernando un día después. Carlos IV quedó bajo la custodia de Murat (para poder ser utilizado por Napoleón según su conveniencia) que estaba acampado a las afueras de Madrid. Fernando le permitió entrar en la capital con el ejército el día 23 de marzo. Se celebró la caída de Godoy y se exaltó la figura de Fernando como libertador, mientras se esperaba la confirmación o no del nuevo monarca por parte de Napoleón. 

Pero Napoleón no quería reponer en el trono a Carlos IV (contra la opinión de la mayoría de los españoles), ni quería reconocer a Fernando (sublevado contra su padre), por lo que decidió asimilar a su imperio a España junto con sus colonias americanas mediante la sustitución de la dinastía borbónica por un miembro de su propia familia: José Bonaparte. 
Se sucedieron los incidentes entre civiles y soldados franceses, y en abril se liberó a Godoy que se fue a Francia, Fernando decidió partir hacia la frontera para reunirse con Napoleón, y por Madrid corrió el rumor de que los hijos menores y nietos de Carlos IV iban a ser trasladados a Bayona. El 2 de mayo estalló un motín en Madrid que sería el detonante de un proceso revolucionario planeado con antelación. La familia real fue trasladada a Bayona y Carlos IV y Fernando fueron obligados a abdicar en favor del emperador francés Napoleón, quien a su vez abdicó y nombró rey de España a su hermano José el 4 de Junio de 1808, aunque éste no llegó a España hasta el día 20 de julio, quedando como autoridad suprema en la península el general en jefe del ejército francés: Murat. 
Napoleón Bonaparte - Imagen de dominio público
El 13 de mayo se conocieron en Madrid las abdicaciones dando como resultado un alzamiento general que intentó evitar su aceptación. Las autoridades tuvieron que ceder el poder a juntas formadas por personas de relieve en la vida política, social y económica que intentaron restablecer el orden público. En septiembre de 1808 se reunieron en Aranjuez delegados de las juntas decidiendo asumir el poder apelando a la soberanía popular, sus objetivos eran acabar con los desórdenes públicos e iniciar una guerra legitimada por el pueblo que rechazaba el cambio de dinastía. La guerra tendrá un efecto devastador en una economía que, por entonces, ya se encontraba sumida en una profunda crisis.

Finalizaba así la Edad Moderna en España, con la caída de Carlos IV se iniciaba la Edad Contemporánea con una serie de cambios que se irían dando a mayor o menos velocidad, tanto a nivel económico, como social (abolición de los estamentos), como colonial (independencia de casi todas las colonias americanas), como político... etc. 


5. Breves notas sobre la crisis del cambio de siglo 


A finales del siglo XVIII era evidente el debilitamiento del crecimiento demográfico y el cansancio en los sectores productivos. La agricultura, la ganadería, el comercio y las manufacturas fueron gravemente afectados por las guerras que agotaron los recursos e interrumpieron el comercio exterior (sobre todo con América) lo que puso a la monarquía absoluta al borde de la bancarrota. 


A) Agricultura, ganadería y manufacturas
Si bien es cierto que a principios del siglo XVIII la agricultura experimentó cierta expansión, a partir de 1780 se sucedieron una serie de malas cosechas surgiendo serios problemas de abastecimiento, siendo frecuentes las carestías y las crisis de subsistencia. La falta de flexibilidad del sistema productivo, la pervivencia de sistemas de explotación y de propiedad poco evolucionados, junto con la ineficacia de las pocas medidas correctoras dio como fruto el bloqueo agrario; sin perder de vista la resistencia de los poderosos y la falta de voluntad de los gobernantes excesivamente inmovilistas (no se tocaron los privilegios de los poderosos). En el último cuarto del siglo XVIII la producción de cereal estaba estancada, por lo que regiones como Andalucía tuvieran que importar grano para paliar el déficit crónico, situación que se dio por la falta de un número importante de labradores acomodados y por la continua tensión social en el campo que perdurará hasta los siglos XIX y XX. 

La reducción de beneficios debido al incremento de los costes de producción (pastos más caros y sueldos más altos) y la congelación del precio de la lana, junto con la retirada del favor real y una legislación que recortaba los privilegios de la Mesta, hicieron declinar la ganadería trashumante a partir de 1770, hasta la caída definitiva de las lanas españolas en la guerra de la independencia. 

A partir de 1790, las manufacturas se vieron beneficiadas por una legislación liberalizadora que recortaba las trabas gremiales y ampliaba los horizontes del capitalismo privado, aunque la incertidumbre política, la subida de los salarios y el impacto de la guerra en el comercio (que impedía la llegada de materias primas para la producción manufacturera), llevaron a un hundimiento de la industria y del comercio, sobre todo el colonial. 


B) La paralización del crecimiento demográfico 
Enfermedades endémicas (paludismo, viruela, tifus), enfermedades epidémicas nuevas (fiebre amarilla), junto con las crisis de subsistencia mantuvieron elevada la tasa de mortandad y tuvieron una gran incidencia en el tránsito del siglo XVIII al XIX. La falta de higiene, la alimentación deficiente y las enfermedades daban como resultado un 25% de mortalidad en menores de 1 año, aumentando hasta un 35% en los menores de 7 años y a un 80% en las inclusas (es decir, los niños abandonados que se dejaban en conventos). La esperanza de vida era de 27 años frente a los 25 años del siglo XVII, lo que demuestra el poco avance conseguido y la pervivencia de un modelo demográfico donde la mortandad juega un papel relevante. 

El estancamiento económico, con el consiguiente empobrecimiento de la población, produjo situaciones donde empezaba a aflorar una conflictividad social cada vez mayor; sucediéndose las huelgas, los alborotos, los motines y los actos violentos. 
En Andalucía, las causas de la conflictividad estuvieron relacionadas a la cuestión señorial. El intento de recuperar baldíos y zonas comunales que habían sido usurpadas por los señores y los pleitos contra los monopolios señoriales fueron las armas utilizadas en la lucha por la tierra y sus rentas. También hubo resistencia a pagar el diezmo y a la subida de impuestos pero no se llegaron a provocar revueltas. 


C) La quiebra de la Hacienda 
La Hacienda pasó de una situación aceptable en 1789 a casi la bancarrota en 1808 debido al ciclo de guerra casi permanente en que España se vio envuelta. La guerra con la República francesa (1793-1795) puso en marcha el proceso de progresivo endeudamiento. Para lograr fondos necesarios para el ejército y la marina se emitieron títulos de deuda (vales reales) que se pagaban a un 4% anual. 

La guerra con Inglaterra (1796) fue un duro golpe para las finanzas españolas ya debilitadas, el bloqueo comercial redujo los ingresos aduaneros y se interrumpió la llegada de caudales americanos. Se estableció una “caja de amortización” para hacer frente a los préstamos que vencían y para pagar los intereses de los vales reales. Se desamortizaron bienes raíces pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y de expósitos, obras pías, cofradías, etc..., quedando prácticamente desmantelada la red benéfica de la iglesia tras 10 años (1798-1808) en los que perdió un sexto de sus propiedades rurales y urbanas. 
Los bienes enajenados fueron subastados y al antiguo propietario se le pagaba una renta de un 3% a través de la “Caja de amortización”. Se tramitaron casi 80.000 expedientes de desamortización con un montante total de casi 1.500 millones de reales. Todo ello no fue suficiente para sacar a la Hacienda de los apuros en los que se veía envuelta, los funcionarios tardaban meses en cobrar el salario y los titulares de vales reales tardaban a veces más de un año en percibir sus rentas. 
Los ingresos ordinarios no llegaban a 500 millones de reales mientras que los gastos se aproximaban a los 900 millones, aparte de los 200 millones de reales anuales que costaba la deuda emitida. El endeudamiento irreparable a que había llegado el Estado fue lo que llevó a la monarquía a su quiebra definitiva.

¡Feliz Miércoles! - Aprehender la historia, hacer historia, aprendes la historia
19/Octubre/2016

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