Hª EDAD MODERNA de España: el reinado de Felipe IV (1621-1665). Política interior-exterior durante el mandato del Conde-duque de Olivares (hasta 1643)

Cuando Felipe III murió en 1621, Castilla estaba en franca decadencia, el proceso de paz no había supuesto el fin del endeudamiento anterior. Un sector de la sociedad pedía reformas urgentes y otro renegaba de un pacifismo que consideraban vergonzoso. Se planteaban dos postulados casi imposibles de mantener al mismo tiempo, recuperación y prestigio, pero fueron los dos principales ejes del gobierno de Felipe IV. Durante la tregua de los Doce Años, los holandeses incrementaron su poder económico y mientras, la Península Ibérica aún estaba recuperándose de la expulsión de los moriscos a la vez que Cataluña y Portugal mostraban un descontento creciente por la política autoritaria de los monarcas. 


1. El rey: Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares


Felipe IV, llamado el Grande fue proclamado rey de Castilla en 1621 con 16 años. Casado con Isabel de Borbón tuvo siete hijos con ella, de los cuales solo le sobrevivió María Teresa, que casó con Luis XIV de Francia. Tras la muerte de su mujer, casó con María de Austria (sobrina suya y prometida de su hijo Baltasar Carlos ya fallecido), de la que nació su sucesor Carlos II (1661-1700), y Margarita María, que se casaría con el emperador Leopoldo I. Asimismo tuvo como hijo natural a don Juan José de Austria (1621-1679) con María Calderón, actriz conocida como la Calderona, que tuvo un destacado protagonismo histórico. 
La idea de Felipe IV ha quedado desfasada, la historiografía apunta que tuvo inclinación por las mujeres, fue mecenas, pero al inicio de su coronación, al igual que tras pasar una enfermedad, en 1627 mostró interés por la Corona y despachó atentamente. Tampoco la idea del entendimiento total entre rey y su valido es cierta, pues hubo gran cantidad de desavenencias hasta que en 1643 aceptó la renuncia que tantas veces Olivares le había realizado. En la historiografía se le ha dado más importancia al valido que al rey.
Conde-duque de Olivares - Imagen de dominio público
Su famoso valido, se llamaba Don Gaspar de Guzmán y Pimentel, nació en Roma en 1587. Era el segundo hijo de don Enrique Guzmán, y como tantos otros fue destinado a la carrera eclesiástica. Estudió en 1601 leyes en la Universidad de Salamanca, pero abandonó sus estudios tras morir su hermano y tener que hacerse cargo de la herencia familiar. Casado en 1607 con Inés de Zúñiga tuvo tres hijos aunque sólo le sobrevivió su hija María. 
Olivares era una persona culta, que contaba con una de las mejores bibliotecas privadas del siglo XVII. Era fuerte pero de corta estatura, con gran temperamento y alternaba el entusiasmo más exaltado con el decaimiento, dejándose llevar por arrebatos de cólera. Conocía perfectamente las doctrinas de los arbitristas y seguía la corriente reformadora de su tío don Baltasar de Zúñiga. 
Era ambicioso y pronto aspiró a dirigir la Monarquía ya que en 1614 fue nombrado por el duque de Lerma Gentilhombre de Cámara de la Casa del príncipe. Olivares militaba en el bando reformista y no tardó en ganarse al futuro Felipe IV con quien estrechó fuertes lazos. 
En 1621 fue nombrado Grande de España y designado Sumiller de Corps, luego miembro del Consejo de Estado, Caballerizo Mayor, duque de Sanlúcar la Mayor, Camarero Mayor y otras dignidades que monopolizaron el acceso al rey. Cuando el valimiento de los Sandoval acabó con Felipe III, Felipe IV indicó que se debían entregar los papeles de Despacho a Baltasar Zúñiga, tío y suegro de Olivares que entró detrás de él. Tras su muerte en 1622 Olivares quedó al cargo de todo de forma única. 
El conde-duque de Olivares mantuvo una política de manos limpias aunque parientes suyos y amigos a la sombra obtuvieron beneficios, títulos y riquezas. El quiso ser considerado como un primer ministro aunque tomó las potestades del rey en su nombre y sustituyó a gran cantidad de cargos que no le eran favorables. Usó también como recurso a escritores como Quevedo, aunque también sus detractores usaron panfletos contra él, aprovechando momentos de debilidad como la enfermedad del rey en 1627 o la crisis de 1640. La literatura política fue un instrumento político importante del momento, incluso él mismo toda su política la exponía al rey en forma de memoriales hasta 1639. Se sirvió de Juntas para realizar la función de gobierno creando un total de diecisiete. 


2. Las reformas del conde duque de Olivares


El programa de gobierno del conde duque de Olivares pretendía: 

  • Restauración: que implicaba restablecer la autoridad real como fundamento de la grandeza de la Monarquía. Ejemplo de esta restauración es la construcción y decoración del Palacio del Buen Retiro. 
  • Reputación: supone la defensa de los intereses de la monarquía por cualquier medio, combatiendo donde fueran discutidos.
Su referente fue Felipe II y pretendió imitar sus objetivos defendiendo a ultranza la fe católica y la autoridad inalienable de la Monarquía. Obtuvo sus ideas de los arbitristas y mercantilistas del momento y derrochó mucha energía en ello, bajo la idea de “reformación” intentó volver a engrandecerla. 

A) JUNTAS DE REFORMACIONES:
La primera reforma de la que se ocupó fue la moral mediante la Junta de Reformación creada en 1621 para vigilar las costumbres y erradicar los vicios del pasado. Pero esta junta fracasó ya que no tuvo actividad ante las medidas tomadas (como la declaración de bienes de cargos públicos que nadie siguió). 
Los principales sandovalistas fueron perseguidos como Uceda, Rodrigo Calderón (favorito de Lerma que fue condenado a muerte y decapitado por corrupción), y otros tuvieron que abandonar sus puestos como el inquisidor Aliaga y Francisco de Acebedo. Asimismo los bienes de Lerma fueron embargados y como muestra de que las cosas iban a cambiar, tanto Zúñiga como Olivares renunciaron a los 100.000 ducados que el Rey donaba a Lerma y Uceda cada vez que se notificaba la llegada feliz de la flota indiana. 

Tras el fracaso de la Junta de Reformación se crea la Junta Grande de Reformación que intentó retomar las medidas reformadoras en 1622. Se escribió una carta a las ciudades con las medidas que se iban a tomar pidiendo colaboración, promulgadas como leyes en los llamados Artículos de Reformación, que tocaban todos los aspectos de la vida castellana. Estos artículos predicaban una política de austeridad, reduciendo los oficios de los corregimientos y los consejos del rey, pero también la servidumbre de la corte hasta niveles similares a los de Felipe II. Se preveía una reducción de gastos suntuarios y superfluos, por ejemplo sustituir la gola por la golilla. En cuanto a la población existieron reformas que premiaban la natalidad y nupcialidad, frente al aumento de cargas a mayores de 25 años solteros. Se prohibió la emigración, se promovieron fundaciones de caridad para ayudar a huérfanos y doncellas para casarse. Se revisaron los postulados económicos mercantilistas más proteccionistas frente al extranjero y se reformaron las leyes de limpieza de sangre en lo referente al comercio. Asimismo se fomenta la creación de erarios y de montes de piedad (una red bancaria castellana) para que los artesanos y campesinos pudieran encontrar créditos fáciles intentando además que el capital fuera aportado por los súbditos con un 5% de su riqueza. Fue un intento por solucionar los problemas de recaudación de impuestos, bancarrotas, metales preciosos, vellón etc. 
En lo referente a impuestos se eliminan los millones a cambio de que las ciudades financiaran 30.000 soldados, subvencionando así proporcionalmente dicho ejército. Esto simplificaba la recaudación y mantenimiento de la tropa asegurando su pago y haciendo más atractivo el alistamiento. Por último destacar que se crearon reformas para la moral de los jóvenes y control de la publicación de libros que pudieran relajar la moral juvenil. 

Por último, destaca en 1624 en el Gran Memorial o Instrucción Secreta de Olivares al rey que pretendía informarlo y concienciarlo de las necesidades de su reino. En su última parte hablaba del gobierno de los territorios no castellanos de España e indicaba como el rey tenía que intentar regirlos de forma uniforme y unitaria, haciendo partícipes a los naturales en los oficios a cualquiera de los reinos y fomentando los matrimonios mixtos. Pero no todas la medidas propuestas fueron pacificas, pues propuso el uso del ejército para someter estos reinos a las leyes de Castilla y eliminar los particularismos de las distintas Coronas Españolas. 


B) EL FRACASO DE LA UNIÓN DE ARMAS 
El Gran Memorial encontró su expresión práctica en el proyecto de la Unión de Armas (1625/6), en el que el discurso giraba en torno a la defensa solidaria de los territorios de la Monarquía, es decir, que no todo el peso del ejército lo soportase la economía y demografía castellana, sino que los distintos reinos colaborasen con armas, hombres y dinero equitativamente. Una defensa solidaria que precisaba de un pacto entre los mismos y la monarquía, pero que iba a chocar con las distintas leyes y fueros de los territorios de Felipe IV. Debía ser consensuado, pero ante su posible fracaso Olivares fijó el cupo de cada territorio y el funcionamiento del nuevo ejército, que debería acudir a la defensa de cualquier parte de la Monarquía que fuera atacada. Se pidieron para ello 140.000 hombres de los que cada territorio entregaría 1/3 del cupo, el resto serían reservistas y tendrían la obligación de instruirse los domingos. 
Esta Unión de Armas se aprobó en el Consejo de Estado, pero no fue aceptada de buen grado en Aragón y por ello se convocaron Cortes a principios de 1626. El rey no había jurado sus fueros y no se entendía la Monarquía Universal Católica como en Castilla, además Olivares pretendía unas Cortes rápidas sin importarles los problemas de sus súbditos. Al final se aceptó el proyecto pero reduciendo los cupos asignados a cambio de que se prohibiera la entrada de paño francés y se permitiera a la nobleza comerciar sin desmérito. 
En Valencia tampoco fue fácil su aprobación y se volvieron a reducir los cupos, lo mismo que en Cataluña donde las Cortes estaban paradas y el rey tuvo que viajar allí. La cantidad de dinero votada fue elevadísima y las exigencias de la Monarquía fueron a posteriori cada vez más altas. Tampoco sentó bien en Portugal, territorio al que se le exigía 16.000 soldados, misma cantidad que se exigía en Nápoles, y casi la misma cantidad que se le exigía a Flandes (12.000). Los territorios de Milán (6000 hombres), Sicilia (6000), Mallorca y Cerdeña (también 6000), también contribuían. Esto creó un profundo descontento general. 
El balance era muy negativo, el proyecto había fracasado, los fondos votados eran insuficientes para la Corona pero muy altos para los territorios y las exigencias iban a seguir aumentando a lo largo del reinado.
Conde-duque de Olivares - Imagen de dominio público

C) OTRAS REFORMAS
Los Artículos de Reformación constituían un programa ambicioso de gobierno pero no tuvo del todo éxito. El primer golpe fue el referente a la austeridad en la corte, pues cuando el príncipe Carlos Estuardo de Inglaterra visita España para conocer a la hermana de Felipe IV con la que aspiraba a casarse, se suspendieron las medidas de austeridad en la corte para agasajarle. 

La reforma económica encontró una confrontación de intereses insalvables por un lado los sectores industriales que reclamaban proteccionismo y por otro los laneros y mercantiles que defendían la libertad de comercio, también beneficiosa para los intereses aduaneros de la Monarquía. La amortización de cargos públicos chocaba con los intereses de la oligarquía al igual que la recaudación del impuesto de los millones. Olivares pretendía compaginar reforma y reputación cosa muy difícil cuando se tienen que atender tantos frentes. Además muchas medidas no fueron aceptadas por el sector oligárquico y rentista ya que afectaba a sus intereses y privilegios, es decir, por el sector más tradicional. Solo cuando Castilla no pudo ya hacer frente, cuando entra en graves dificultades, es cuando la Monarquía Universal se convierte en un recuerdo. Nadie estuvo dispuesto a asumir el coste de las reformas y fue un fracaso.

En 1624 se crea el Almirantazgo del Norte para el comercio con los Países Bajos católicos al modelo holandés, y para reactivar la economía se traen artesanos valones. 

En 1625 se crea la Junta de Población, de Agricultura y Comercio que también se quedó en un mero proyecto. Y los Estudios Reales que pretendían difundir una enseñanza de calidad con solo 60 alumnos, fundados por el rey fueron boicoteados por las universidades y nobleza. Tras tantos esfuerzos reformistas Olivares solo pudo sustituir la gola por la golilla, ya que en el resto de medidas fracasó. 

3. La política internacional 


La reputación era algo fundamental para Olivares y en su lucha por restaurarla reanudó las hostilidades con los holandeses al considerar que la tregua de los Doce Años era vergonzosa y mantuvo el apoyo en la Guerra de los Treinta Años a la Casa de Austria por alianza dinástica. 

Esta alianza dinástica unía a Felipe IV con Fernando II de Habsburgo, el heredero del Sacro Imperio Romano Germánico, los unían lazos familiares endogámicos muy fuertes y un objetivo: la defensa del catolicismo. 
A pesar de la ayuda prestada desde 1619 en la Guerra de los Treinta Años, el intento de crear una Liga de la Unión para la defensa de la fe con el Imperio, Baviera y otros príncipes alemanes no tuvo éxito. Fernando II nunca ayudó a España y solo se oía hablar de la alianza cuando sus propios intereses peligraban. 

La guerra contra Holanda era fundamental para dominar el Báltico y el Canal de la Mancha, y su importancia se reafirmó al aumentar los problemas en el camino de Italia o camino español que se hacía cada vez más inseguro. 

Francia era otro elemento difícil, presumiblemente debía ser una Monarquía amiga por las relaciones familiares (Felipe IV y Luis XIII eran cuñados) y su condición de católicas, pero las cosas fueron difíciles llegando a acabar en la ruptura total. Ni Olivares ni Felipe IV entendieron la política francesa ni la conducta del papa Urbano VIII que apoyó a la dinastía borbónica, tema que reavivaría una cuestión siempre patente en la historia moderna de España: el regalismo. Richelieu inició un duelo a muerte buscando la victoria total, valiéndose para ello de cualquier medio, incluso pactar con infieles. 

Las alianzas siempre fueron efímeras, la Monarquía Hispánica se encontraba sola, ni siquiera contó con los que debían ser sus aliados naturales como el Papa o el Emperador. Algunos de sus principales enemigos fueron miembros de la Iglesia, posiblemente porque supeditaban la religión a la razón de Estado. Ni siquiera el pensamiento de la Monarquía Universal Católica caló entre sus aliados, de hecho la guerra contra Holanda fue contraproducente ya que se convirtió en un conflicto entre España, que provocaba animadversión y temor, y el resto de Europa con simpatías hacia Holanda, símbolo de la oposición victoriosa. 

En política exterior podemos destacar tres fases: 

  1. Una primera dominada por los éxitos 1621-1627 
  2. Un segundo momento de retroceso de la causa católica y filipista, Guerra de los Treinta Años 
  3. Un tercer momento con la entrada de Francia en la guerra desde 1635 y el declive definitivo de la Monarquía Universal Católica. 
Felipe IV de España
A) LOS TRIUNFOS DE LOS PRIMEROS AÑOS (1621-1627) 
En 1621 empieza la guerra total contra Holanda con la expulsión de sus flotas de los dominios de la Monarquía y el embargo de bienes y mercancías. Don Fadrique de Toledo destrozaba la armada holandesa y Spínola iniciaba las operaciones terrestres. La Junta de Comercio, adicionalmente, se ocupó de vigilar e impedir el comercio ilegal de productos holandeses. 

Con el tratado de Aranjuez de 1622 se cerró el conflicto por el valle de la Valtelina, pieza clave del camino español, que sería ocupada por el Papado hasta llegar a un acuerdo entre España y Francia. Pero en la cuestión del Palatinado no se llegó a zanjar ya que Olivares pretendía devolverlo a su dueño (Federico de Sajoni)a pero fracasó en su intento, pues Fernando II lo entregó a Maximiliano de Baviera, aumentando el conflicto religioso y los enemigos de España, lo que incrementó los costes y dispersó las fuerzas.
Olivares desde 1622 intentó negociar con potencias del Báltico para establecer bases navales para la Armada y dominar así el Canal de la Mancha hasta el Báltico hostigando a pescadores y mercantes holandeses. Creó el Almirantazgo y la Compañía Comercial de Flandes que, con base en Sevilla, controlaría el comercio holandés. 

Los Austrias encontraron en Richelieu un gran enemigo incondicional que intervenía como aliado con Holanda o cualquiera para destruirlos, sin dudar al entregar la Valtelina a los enemigos de Felipe IV, además los ingleses comenzaron a entorpecer los envíos de Spínola temiéndose una alianza protestante. 

En 1625 la situación se tornó la situación positiva para Felipe IV con la conquista de Breda por Spínola, la toma de Bahía por don Fadrique de Toledo expulsando a los holandeses, y con el fracaso inglés de Edward en Cádiz y el rechazo del ataque holandés en Puerto Rico, unido a los problemas internos que afrontaba Richelieu. Aunque en ese año también se celebró el enlace entre el príncipe Carlos con una princesa francesa y Dinamarca entró en la Guerra apoyando a los protestantes. Los éxitos hicieron que Felipe IV obtuviese el título de “Grande”. 

Richelieu temía una alianza entre Carlos I -Buckingham, y Felipe IV, ya que Olivares firmó en 1627 el tratado de paz de Monzón que normalizaba la situación de Valtelina proponiendo una alianza contra Inglaterra. Este acuerdo solo sirvió para neutralizar a los enemigos pues la situación de guerra con Holanda estaba estancada y los imperiales iban venciendo. La situación era favorable hasta tal punto que Olivares pedía al imperio ocupar Holanda con una unión familiar Madrid-Viena. 


B) DERROTAS Y RETROCESO DE ESPAÑA (1627-1634) 
Este nuevo período se abre con la llegada de Spínola a Madrid para forzar la paz con Holanda y la muerte sin heredero del marqués de Vicenzo titular del ducado de Mantua y del marquesado de Monferrato, que pasaba al duque de Nevers, francés. Con esto peligraban los intereses de la Monarquía Católica en Italia. Olivares lo expulsó argumentando que eran tierras feudatarias del Imperio y que no se había contado con permiso del emperador. Este nuevo frente distrajo los recursos y fue muy negativo para Felipe IV al acabar en un fracaso. 

También en el norte se suceden las derrotas como la pérdida de posiciones en el puerto de Stralsund, cuyo sitio fue levantado por una alianza entre daneses y suecos, lanzando a Gustavo Adolfo de Suecia y sus tropas a la defensa de la causa protestante en Alemania. En las Indias los holandeses tomaron Olvido y Recife en Pernambuco (Brasil), conquistaron la flota completa en Matanzas privando de los ingresos anuales americanos y renovaron su alianza con Francia.
En el Imperio los Habsburgo no lo tenían mejor. La tensión entre Francia y España era cada vez mayor, incluso Olivares pensó en declarar la guerra pero con tantos frentes le fue imposible. Richelieu usó como pretexto la detención del elector de Tréveris por las tropas imperiales para en 1635 declarar la guerra a Felipe IV.
Cardenal Richelieu - Imagen de dominio público

C) FRANCIA Y EL CAMINO HACIA LA DERROTA TOTAL (1635-1643) 
La declaración de guerra francesa en 1635 conmocionó a la corte e hizo que se buscara la paz con los holandeses y se firmara una alianza con Inglaterra para mantener la neutralidad del canal, movilizando recursos e iniciando una campaña de propaganda. La guerra se generalizará en Europa, y se producirán combates en el Imperio, en Lorena e Italia con algunos éxitos del cardenal-infante don Fernando, pero Francia lograría cortar la comunicación entre Flandes y el Imperio, y limitar las marítimas con España. 
No fueron propicios los intentos de invadir Francia sino todo lo contrario, ésta tomó la iniciativa y sitió Fuenterrabía en 1638. En Italia hubo grandes pérdidas hasta que en 1640 estalló la crisis interior de Felipe IV, ya que se levantaron en armas Cataluña y Portugal (que explicaremos más adelante), con lo cual ya se debían atender varios frentes exteriores e interiores, lo cual sumado a una escasez de recursos, dinero y hombres, hizo imposible cosechar victorias decisivas. La guerra estaba en el corazón mismo de la Monarquía y en 1641 moría el mejor general de Felipe IV, el cardenal-infante don Fernando.


4. El coste real de mantener decenas de guerras


La política de reputación en el exterior a base de mantener guerras exigió un gran esfuerzo fiscal a Castilla que consumó un proceso de desarticulación social iniciado con Carlos I. Al subir al trono Felipe IV sus arcas estaban vacías pero no se paró de gastar dinero en conflictos acudiendo a expedientes fáciles: dispuso de un octavo de la plata de particulares, rebajó los tipos de interés del 7% al 5% y recurrió a la emisión de monda de vellón. Se obtuvo una gran resta pero sus efectos se dejaron ver sobre la economía y sobre la sociedad con el desencanto de los mercaderes, caída de las rentas, alza de precios, etc. 

Castilla tenía que hacer frente a las alcabalas, las tercias encabezadas y el servicio de millones (votado en las cortes de 1619), un total de 18 millones de ducados que fueron totalmente insuficientes ante las exigencias de la reputación. Así sin haber pagado este servicio, en 1626 las Cortes aprobaron 12 millones más durante 6 años, prorrogando además los servicios ordinarios y extraordinarios y las alcabalas y tercias. Asimismo se permitió a la monarquía vender juros (deuda pública). Había grandes ingresos pero los gastos a pesar de todo estuvieron muy por encima. 
Se recurrió al préstamo, cuyos intereses se pagaban con las rentas de años siguientes, repitiéndose tanto, que colapsaron la Hacienda Real. En 1627 para liberar recursos la Monarquía se declara en bancarrota y se dio entrada a banqueros judíos portugueses que desplazaron a los agotados genoveses. Así en 1628 se declaró nuevamente una devaluación de la moneda y se prorrogaron los servicios. 

Los millones eran el impuesto más importante pero lento de recaudar e injusto. Se manejaron otras alternativas como un nuevo arbitrio sobre la sal, que se implantó en 1631, pero duró sólo un año ante las grandes protestas que llegaron a estallar en un motín en Vizcaya. La guerra con Francia disparó los gastos hasta niveles insospechados se volvió a incautar la plata de Indias, emitir moneda de vellón con el triple de su valor, y en 1636 se implantó el papel sellado.

En 1638 se produjo la llamada “orgía de fiscalidad”, se recurrió a todo tipo de medidas especiales, pidiendo donativos a los ricos o préstamos forzosos que no tuvieron éxito. Incluso la nobleza fue llamada a armas sin éxito. Se fijaron nuevos medios para recaudar los millones cargando sobre el vino, el vinagre, la sal y la carne aunque cada vez se recurría a buscar más productos y medios sobre los que recaudar el impuesto (azúcar, chocolate, nieve, jabón, tabaco...). Además los millones se acompañaron de servicios ordinarios y extraordinarios, y de las alcabalas y tercias encabezadas, y fueron vendidos tanto impuestos, alcabalas, como oficios, villazgos, jurisdicciones o hidalguías. 
El esfuerzo fue tal que las ciudades y villas acumularon deudas que tuvieron que ser condonadas y todo esto representó la ruina económica para Castilla. El coste para Aragón y Valencia tampoco fue pequeño y la colaboración fue total ante las exigencias. El reino de Aragón y sus concejos mantuvieron anualmente un contingente de 3.000 soldados además de otros servicios de intendencia y transporte en la guerra de sus propias fronteras. En Valencia se apreció este mismo proceso, incrementándose la colaboración con la sublevación de Cataluña. Aunque todos con una notable crispación política y social. 

Pero el sector social que más sufrió las cargas económicas derivadas de la guerra fue el tercer estado castellano (pueblo campesino o productores). Ellos fueron los encargados de soportar sobre sus espaldas la fiscalidad desmedida que supuso mantener la política de reputación objetivo de la Monarquía Universal Católica. Los millones era un impuesto universal que todos debían pagar, y los poderosos desviaron su peso a los sectores menos pudientes. La corrupción también estaba presente, una cosa era lo que votaban las Cortes, otra lo que se pagaba y otra bien distinta lo que se recaudaba. Olivares intentó recurrir a inspectores para evitar la corrupción y emplear arbitrios alternativos pero fracasó. 
Tanto Olivares como Felipe IV se encontraron con la oposición de la nobleza, el clero y oligarquías municipales cuando vieron amenazados sus privilegios. Por ejemplo el clero basaba su defensa en que se debían tener el preceptivo Breve papal para autorizar la colaboración fiscal, y se defendieron con la pluma y las armas espirituales como la excomunión. Las ciudades también mostraron su oposición a las reformas, destacando su clara oposición a la sustitución del voto decisivo por el consultivo para las Cortes de 1632 y 1636. 
Todos, en definitiva se opusieron a un reparto equitativo de las cargas. El llamado medio dozavo, propuesto en 1634, tuvo que ser suspendido por la oposición que generó. En Vizcaya se produjo el motín de la sal en 1632 cuando se retiraron los arbitrios sobre la misma y tenía que pagarse un precio desorbitado, acabando con la horca para los cabecillas y la liberalización del mercado. 

Todas estas medidas provocaron en Castilla un descontento generalizado a todos los niveles, unos porque pagaban más, otros porque veían sus privilegios amenazados. Estas medidas dejaron incluso mayor huella en Portugal y Cataluña con un sistema distinto ya que este autoritarismo infringía sus leyes y violentaba los derechos naturales. 


5. Las rebeliones peninsulares


A) CATALUÑA
El reino de Aragón se movía por parámetros distintos a los que Felipe IV y Olivares pretendían, éstos movidos por el autoritarismo y los otros aferrados al pactismo, lo que provocó una conflictividad latente que emergió en algunas ocasiones puntuales en forma de violencia. 
En 1626 se presentó la Unión de Armas en Aragón, en un momento delicado ya que el rey no había jurado todavía los fueros. En Cataluña se tenían quejas contra el virrey y la aportación solicitada era exagerada, Olivares y el rey requerían de ayuda inmediata y los otros ponían reparos hasta que se solucionaran otras cuestiones para ellos más preocupantes. El trato a Cataluña no fue distinto al de otras regiones, pero ellos si estaban en una situación distinta, ya que Aragón estaba en paz después de la rebelión de 1591 y Valencia desde las Germanías, pero Cataluña se mantenía firme en los postulados constitucionalistas. 
Las exigencias del rey no fueron escuchadas y en las votaciones no se obtuvo lo pedido, hasta tal punto que el rey abandonó la asamblea sin cerrarlas, saliendo de Barcelona. La Cortes se volvieron a convocar en 1632 pero fue inútil ya que las relaciones se alejaban por temas distintos, como el traslado de la Audiencia real a Gerona. 

La declaración de guerra de Luis XIII en 1635 supuso un paso decisivo en los acontecimientos, ya que la presencia del ejército real en Cataluña desde 1637 con la pretensión de invadir el Languedoc francés provocó enfrentamientos entre campesinos y soldados. En 1639 las tropas francesas ocuparon Salses, y Olivares acusó a los catalanes de traidores por no haberla defendido convenientemente. Cataluña se volcó en su defensa y la recuperó expulsando a los galos, pero el ejército castellano se quedó acantonado en Cataluña con el pretexto de terminar la reconquista, pero en realidad para forzar la colaboración económica
Una presencia ilegal según los fueros catalanes, que precipitó los acontecimientos, pues mientras Olivares pretendía someter a las instituciones catalanas con la presión militar, la Diputación presidida por Pau Claris extremaba su posición y recibía apoyos de Barcelona y luego de la Real Audiencia. 

En 1640 se inicia la revuelta campesina, el día del Corpus, entre 400 o 500 segadores toman Barcelona para vengar a un compañero herido por un alguacil, y aún frenados por los obispos de Vic y Barcelona, asesinaron al virrey cuando pretendía huir. En resumen, se apoderaron de la ciudad de Barcelona. La Monarquía quería una respuesta contundente pero no tenía ni hombres ni recursos, el propio rey se puso al frente de la Jornada de Aragón, que no se pudo realizar hasta 1642 por la falta de apoyos y dinero que se solicitaba a Aragón y Valencia.
Los segarores (Els segadors) rebelados en 1640 - Imagen de dominio público
Los catalanes solicitaron ayuda a París y a otros países extranjeros, y en 1641 Luis XIII de Francia fue proclamado conde de Barcelona, sus tropas entraron en Cataluña para defenderla. La Motte, militar francés, ocupó tierras aragonesas extendiendo el conflicto y decantando a Aragón definitivamente por el rey, ya que soportaba las correrías de sus soldados y la invasión franco catalana. En 1643 se produce un motín de los zaragozanos contra los valones. En estos momentos la situación para Felipe IV era desesperante, a lo que se sumaría una rebelión más en el Oeste de la península: Portugal.


B) PORTUGAL
La rebelión de Cataluña abrió una crisis en la Monarquía. Pero Portugal también tenía razones, ya que el reino portugués se había cansado de las exigencias que llegaban desde Madrid continuamente, recibiendo poco o nada a cambio. Ante ello, Portugal toma partido contra la presión fiscal, reclutamientos y alojamientos. Ya había habido algunas revueltas como la de Évora de 1637 encabezada por el duque de Braganza (futuro Juan IV), que acaudilló una rebelión que terminaría por segregar Portugal de la Corona. 
En 1640 al mismo tiempo que la rebelión de Cataluña se abría un nuevo frente en Portugal que fue apoyado por Londres y París. Con dos frentes abiertos dentro de la Península Ibérica, Felipe IV, sin recursos, tuvo que decidir a cuál de los dos daría preferencia para sofocarlo: decidió centrarse en Cataluña, dejando Portugal en un segundo plano, lo cual permitiría que se afianzasen.

Además en 1641 se descubre la conspiración del duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte en Andalucía con el propósito de hacerse con el poder en Andalucía y crear un reino independiente en el sur, aunque su falta de apoyo hace que la conspiración fuera desarticulada con rapidez. 

El responsable aparente de todo esto era el conde duque que había conducido a la Monarquía a esta situación. El cese del valido era la única solución en este punto, ya que el propio Olivares estaba cercado y para algunos el culpable era el rey que lo mantenía. En estas circunstancias, como otras veces, pidió un permiso para retirarse de la política, y en 1643 Felipe IV aceptaba la renuncia. Olivares salió de la corte para morir en Toro en 1645.

¡Feliz Miércoles! - Hacer historia, aprehender la historia, aprendes la historia
21/Septiembre/2016

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